El año 332 AC Palestina fue conquistada por Alejandro Magno.
Esta fue una dominación corta pues Alejandro Magno murió muy
joven, pero tras su muerte, Palestina quedó bajo el control de
Egipto y comenzó un proceso de helenización.
En el 197 AC Palestina pasó al control sirio y la influencia
helenística se impregnó aún más en las capas sociales más
pudientes, hasta el punto de que incluso su calendario empezó a
contar los años desde el imperio griego.
La sociedad judía se encontró entonces dividida en dos
facciones antagónicas. A un lado estaban los judíos helenizados,
en su mayor parte miembros del gobierno y ricos comerciantes que
habitaban en Palestina y en numerosas ciudades esparcidas por
Asiria, Turquía, Grecia y Egipto.
Muchos de estos judíos, obligados a vivir en un país extranjero
por razones comerciales o por huír de la dura represión que
durante siglos habían sufrido en Palestina, comenzaron a olvidar
algunas de sus costumbres ancestrales hasta el punto de que
llegaron a usar sólo el idioma griego en sus relaciones sociales
y comerciales, haciendo que en un par de generaciones aparecieran
muchos descendientes de judíos que desconocían el idioma hebreo.
Para paliar este desconocimiento, en esa época se hizo una
traducción de las escrituras al griego, traducción que
posteriormente sería conocida como la de los LXX, porque en la
tarea colaboraron setenta rabinos.
Al otro estaban los judíos que se mantenían fieles a sus
tradiciones.
Y no solo fieles, atacadas sus creencias desde dentro por los judíos
que habían vendido su religión a cambio de posición social o
económica, los creyentes judíos se volvieron más y más fanáticos
llevando el cumplimiento de la ley a extremos nunca vistos
anteriormente.
En el año 167 AC Antíoco Epífanes, con el fin de acabar con los problemas provocados por los fanáticos judíos, decidió acabar con su religión y a tal fin ordenó que en el templo de Jerusalén se ofrecieran sacrificios a otros dioses distintos de Yavé.
Pero un sacerdote de la familia de los macabeos se rebeló iniciando un motín al que en poco tiempo se unieron muchos celosos de la ley. Él y sus descendientes lucharon durante años contra las tropas de Antíoco.
La secta de los "celosos de la ley", que posteriormente serían llamados nazoreanos o nazoreos, formaron comunidades alejadas de las ciudades y en ellas llevaron a cabo un feroz activismo religioso-político-militar contra los sirios y los judíos que habían olvidado los caminos de su dios.
No sólo se inició así la secta de los nazoreos, también
surgieron muchos mártires religiosos. Los presos capturados por
Antíoco se enfrentaban a una alternativa terrible, vivir
abandonando y traicionando las leyes de Yavé o morir en medio de
crueles tormentos.
Hasta los más niños eran capaces de soportar las torturas antes
que prestarse a adorar un dios que no fuera Yavé.
Durante esta época se produjeron varias oleadas de refugiados que tuvieron que huir de Judea ante los terribles estragos de la guerra. Deshaciendo el camino que tiempo atrás había seguido Abraham, los refugiados llegaron a Damasco para desde allí dirigirse al Este, hacia Babilonia. Otros grupos se establecieron en la zona al sur de Damasco fundando varias ciudades judías en tierra siria.
Tras varios años de guerras, los macabeos consiguieron la independencia de Judea y los nazoreos tomaron el control del templo, pero de nuevo la independencia les duró poco.