Pero mientras los judíos se refugiaban en las juderías y en los ghetos, los cristianos seguidores de Pablo y sus discípulos abandonaron los templos judíos para predicar en las plazas públicas e incluso en la puerta de templos paganos. Siendo los romanos y los griegos tan amantes de la imaginería, también los cristianos comenzaron a hacer imágenes de Jesús mostrándolo con toda su belleza, esplendor y gloria y con los brazos extendidos para acoger a todos los cristianos. La imagen de Jesús se paganizó aún más asignándole el crismón, atributo del sol invicto, un sol con rayos rodeando la cabeza de Jesús mientras sus apóstoles adquirían el halo de la santidad.
Como Dios Solar, a Jesús se le atribuyeron diversos milagros de curación e incluso alguno de resurrección tal como otros muchos dioses anteriores de muchas épocas. Así, como Sansón, Buda, Krishna y otros varios personajes, Jesús nació de una virgen. Como Rémulo, Henoc y Elías, Jesús había ascendido a los cielos sin morir. Como Moisés, Jesús se salvó de una matanza infantil ordenada por Herodes, matanza que en realidad nunca se produjo. Como Ahura-Mazda y Mitra, a su nacimiento se postraban los animales y unos reyes de oriente le ofrecieron oro, incienso y mirra.
Lo poco que los gentiles sabían realmente de la vida de Jesús hizo que algunos cristianos intentaran recopilar todo lo que se contaba sobre él para narrar con la mayor veracidad posible los hechos de su vida.
También los nazoreos hicieron varios intentos por narrar la vida de Jesús y al estar más cerca de aquellos que realmente le conocieron, lo hicieron con mejor fortuna.
Entre los intentos más loables se encuentra el evangelio
de Marcos, escrito por Juan Marcos, el discípulo que
discutió con Pablo en su primer viaje, y que tras acompañar
como intérprete a Pedro hasta su muerte, hizo una recopilación
de todas las historias que había oído narrar a Pedro.
Por desgracia este evangelio no narra todas las historias en el
orden en que sucedieron, ya que Pedro no contaba la vida de Jesús
por orden sino según se terciaba en cada asamblea de creyentes.
También por desgracia, Pedro, a lo largo de los últimos años,
había adornado la vida de Jesús con exageraciones atribuyéndole
diversas curaciones y milagros.
Y como última desgracia, el final del evangelio de Marcos se ha
perdido, y escritores posteriores lo han intentado rellenar de la
forma en que mejor han creído entender. Así, entre las copias más
antiguas que se han encontrado de este evangelio, aparte de
diversas palabras que cambian por errores de los copistas, se han
encontrado varias versiones distintas del final, a partir del
momento en que las dos Marías y Salomé encuentran abierto el
sepulcro. También es curioso observar que en este evangelio no
se hace mención alguna a la anunciación ni a la virginidad de
María. De hecho el evangelio comienza en la época de Juan
Bautista, lo que indica que Pedro no dio importancia a ningún
hecho anterior a la vida pública de Jesús.
Después de escribir este evangelio, probablemente en Roma,
Marcos viajó a Egipto donde se le pierde el rastro.
También existió un evangelio de Mateo
escrito por el apóstol Mateo, el recaudador de impuestos que fue
llamado por Jesús. Sería el único evangelio escrito por un
testigo presencial de la vida de Jesús si no fuera por una
lamentable desgracia: no ha llegado hasta nosotros ninguna copia
del mismo.
Lo único que tenemos es un evangelio escrito por un judío
helenista de Alejandría, Egipto, en los años 90 que usando el
original mencionado, una copia del evangelio de Marcos y una
recopilación de historias casi míticas y claramente paganas,
compuso el evangelio que ha llegado hasta nuestros días.
Lo mejor de este evangelio es el sermón de la montaña que casi
con toda seguridad era el rollo con las enseñanzas de Jesús que
llevaban todos los nazoreos en sus predicaciones y que había
sido escrito por el mismo Mateo.
Lo peor es que en su composición se entremezclaron varias
historias paganas persas y egipcias dando lugar a los mitos de la
Adoración de los Magos y la Virginidad de María.
También, quizás porque el autor de este evangelio era egipcio,
incluyó un relato en el que José, tras el nacimiento de Jesús,
se refugia en Egipto durante algún tiempo hasta la muerte de
Herodes.
Hay que indicar que, según Mateo, José y María parecen vivir
en Belén durante el embarazo de ésta, no se hace ninguna
referencia a que vivieran en Nazaret hasta que regresan de Egipto.
A continuación está el evangelio de Lucas,
escrito por un discípulo de Pablo que tras las persecuciones del
emperador Domiciano decidió narrar las vidas de Jesús y Pablo
con el fin de explicar a los cristianos el origen de su iglesia.
El redactor de este evangelio se basó muy probablemente en las
memorias de Lucas, 'el médico querido' que acompañó a Pablo
durante bastantes años en sus viajes y que escribió unas
memorias que, muchos años más tarde, fueron usadas (y a veces
copiadas literalmente, por eso en los Hechos se relatan algunos
episodios en primera persona) para componer este evangelio.
Aparte de en las memorias de Lucas, el redactor debió inspirarse
también en los mismos manuscritos que acompañaban a todos los
apóstoles, los escritos originalmente por Mateo con las profecías
mesiánicas y las enseñanzas de Jesús, pero no debió conocer
el evangelio de Mateo, escrito unos años antes pero en Egipto,
muy lejos de Roma o Grecia, lugares ambos donde este evangelio
pudo ser escrito.
Este desconocimiento le lleva a dar una versión del nacimiento
de Jesús muy diferente a la versión de Mateo, llegando a
fecharlo durante un censo romano, siendo así que el primer censo
que se realizó en Palestina fue casi diez años después de la
muerte de Herodes, lo que durante muchos siglos ha planteado
serias dificultades para fechar el nacimiento de Jesús.
El redactor de este evangelio, que debió ser un lector
avezado, no dudó en alterar la historia de Jesús cuando convenía
a sus intereses, supliendo etapas desconocidas de la vida de Jesús
por relatos del Antiguo Testamento y hasta por relatos de Josefo;
así, el episodio de Jesús en su infancia al perderse en el
templo y asombrar a los doctores de la ley con su sabiduría está
copiado de un relato autobiográfico del mismo Flavio Josefo que
se atribuía a sí mismo esa sabiduría.
Incluso la forma de narrar la historia, simulando ser dos cartas
dirigidas al "noble Teófilo" está también copiada de
"Contra Apion", de Josefo, que comparte la misma
estructura y que fue escrita pocos años antes.
En la primera parte, la vida de Jesús, los hechos son
manipulados no distinguiendo entre nazoreos ni saduceos, sino que
los que tramaron y provocaron la muerte de Jesús fueron los judíos
en general, mientras los romanos, como Poncio Pilato, no tuvieron
culpa de la muerte de Jesús, al contrario, hicieron lo posible
por salvarlo pero los judíos no querían que Jesús viviese. De
esa forma "Lucas" se aseguraba de contar con las simpatías
del pueblo romano aunque fuera a costa de que el pueblo judío se
convirtiera desde entonces en el centro del odio de la
cristiandad hasta el día de hoy.
En la segunda parte, los Hechos de los Apóstoles, después de
una corta presentación de los apóstoles en Jerusalén, "Lucas"
pone en boca de Pedro varios discursos que éste no pronunció
pero que contienen resumidos varios dogmas de la fe cristiana (que
no era precisamente la fe de Pedro, la nazorea). A continuación
presenta a Pablo y su conversión y tras una pausa en la que
vuelve a mostrarnos a Pedro discutiendo con la iglesia de Jerusalén,
y otras escenas de los primeros tiempos de la iglesia nazorea,
toma el protagonismo Pablo, no soltándolo ya hasta el final de
los Hechos.
"Lucas" convierte a Pablo en el héroe de la
evangelización convirtiéndolo en un maestro de la oratoria
cuando en realidad le costaba bastante trabajo expresarse en público.
Por contra, los rivales de Pablo usan argumentos infantiles para
rebatirle y, por supuesto, tienen que rendirse avergonzados ante
la lógica aplastante de los argumentos de Pablo. Poco a poco, a
lo largo de los Hechos, se deja de hablar de Pedro y los demás
discípulos de Jesús para llegar al final a hablar de Pablo y
los gentiles a un lado y los judíos, que se oponen a Jesús y a
Pablo, al otro.
El evangelio de Juan, el más místico de los cuatro, fue escrito a principios del siglo II por Juan, el Anciano, un sacerdote de Éfeso, basándose en los relatos de Juan, el discípulo amado, que desde la diáspora de los judíos pasó su vejez en esa comunidad judía. Por aquella época existían ya una decena de evangelios escritos en diversas partes del imperio romano y Juan también se basó en ellos para narrar su historia.
En total, en los dos primeros siglos tras la muerte de Jesús, se escribieron más de medio centenar de evangelios escritos algunos por judíos nazoreos, otros por judíos helenizados y otros muchos por historiadores o creyentes cristianos. La mayoría eran recopilaciones de leyendas y no tenían ni un mínimo de credibilidad, pero entre ellos había otros evangelios que narraban episodios tan dignos de crédito como los cuatro mencionados.
Para aclarar una situación tan caótica, la iglesia cristiana,
cuando ya había dominado la jerarquía del imperio romano
convirtiéndose en el imperio por encima del imperio, celebró un
concilio en el año 325 para decidir cuál de estos textos debía
ser el verdadero. Como no había unanimidad entre los cardenales
se sometió a votación cuál de todos los evangelios serían
aceptados como oficiales.
Teniendo en cuenta que entre todos los evangelios existentes
estos cuatro mantenían una coherencia bastante fuerte, lógica
si tenemos en cuenta que cada uno fue usado como fuente
documental para escribir el siguiente, la iglesia designó estos
cuatro como los evangelios canónicos desterrando a todos los demás
al nebuloso terreno de lo apócrifo.
La palabra apócrifo significa que está fuera del canon de la iglesia, no necesariamente que sea falso pero con el paso de los siglos todos los evangelios apócrifos han sido rechazados como falsos.