Trabajadores públicos y privados

Entre un trabajador de la empresa privada y un funcionario, hay algunas diferencias bastantes notorias.

El funcionario tiene un empleo para toda la vida. El trabajador privado sabe que, si las cosas van mal en la empresa se puede ir al paro.

El funcionario puede trabajar de una forma mucho más relajada. Si un trabajador privado se relaja, lo más probable es que le manden a relajarse a su casa.

El funcionario puede mejorar sus condiciones laborales de varias formas que no tienen que ver con su productividad, sino con favores y prebendas. Para un trabajador privado, en una buena empresa, la única forma de ascender en categoría o en salario es ser más productivo.

El funcionario no busca otro trabajo a no ser que sea un ascenso. El trabajador privado puede buscar otro empleo mejor en cualquier momento, sea en el mismo sector o en otro distinto.

El funcionario que quiera ascender solo estudiará cosas que puedan servirle para un ascenso. El trabajador privado puede estudiar una actividad completamente diferente.

Si a un funcionario le ofrecen un empleo en la empresa privada por un salario doble al que tiene, se lo pensará bastante. Si a un trabajador privado le ofrecen lo mismo no se lo pensará ni un segundo.

El funcionario ambicioso aspira a ascender. El trabajador privado ambicioso aspira a montar una empresa.

El funcionario no corre riesgos. No se hará rico pero tampoco se arruinará. El trabajador privado puede arriesgarse intentando montar una empresa. Si le sale mal habrá perdido sus ahorros y volverá a trabajar para otros. Si tiene éxito se hará rico.

El funcionario tiene mentalidad de funcionario. Como todas las personas, quiere ganar lo máximo posible trabajando lo mínimo imprescindible, pero como su trabajo está completamente regulado, no le serviría de nada trabajar más, por tanto perderá el interés en ello.

El trabajador por cuenta ajena también quiere ganar lo máximo posible trabajando lo mínimo imprescindible, pero él sabe que, trabajando más puede ganar más, y si trabaja menos, no solo ganará menos, también puede llegar a perder el empleo.

La única forma en que un funcionario pueda hacerse rico es colocándose en una posición de poder donde de sus decisiones dependan los beneficios de empresarios que, para agilizar los trámites que la administración le exige, no tengan más remedio que recurrir al soborno. Es decir, el delito y la coerción.

La única forma en que un trabajador puede hacerse rico es hacerse empresario creando un producto o servicio que la gente quiera y adquiera a un precio suficiente para dar beneficios al empresario y a sus clientes. Es decir, el servicio al público.

Estas son algunas de las diferencias fundamentales entre trabajadores de la administración pública y trabajadores de la empresa privada, pero si la sociedad está compuesta de individuos, una sociedad donde hay muchos funcionarios será muy diferente a una sociedad en la que haya pocos.

En toda sociedad hay personas que, cuando salen de la universidad, están deseando hacer unas oposiciones y coger una plaza de funcionario. Y hay otras personas que, cuando salen de la universidad, piensan en montar un negocio propio, una empresa que les haga ricos.

La misma sociedad, dependiendo de cómo esté estructurada, fomentará en los universitarios una actitud u otra. Hay padres, amigos y profesores que fomentan el culto al funcionariado, que hacen que haya más gente que prefiera ser funcionario antes que empresario. Y viceversa.

Pero el funcionariado no genera riqueza, solo genera servicios. El sector público genera servicios a los ciudadanos, a todos por igual, pero para generar esos servicios necesita recaudar impuestos, y aunque los impuestos se recaudan entre ambos sectores, público y privado, fijémonos en un detalle:

Un país donde todos los empleos fueran públicos sería totalmente insostenible. Si sólo hay funcionarios no se puede sacar a todos ellos impuestos suficientes para poder, simplemente, pagarles sus propios salarios.

Un país donde no hubiera funcionarios, en cambio, podría crear riqueza y prosperidad. De forma desigual, es cierto, porque al principio solo ganarán más los que más riqueza produzcan, pero a medio plazo también se verán beneficiados hasta los más pobres.

Es decir, el sector privado podría existir sin necesidad de que existiera el funcionariado. Pero el sector público no podría existir para repartir servicios entre los ciudadanos si no hubiera un sector privado que lo financiara con sus impuestos.

Deducimos pues, que el funcionariado, caso de existir, debería estar limitado a un porcentaje determinado. Si en un país hay un porcentaje demasiado elevado de funcionarios, el sector privado, el único que genera riqueza, quedaría completamente ahogado por los impuestos necesarios para financiar a los funcionarios.

Podemos comprobarlo haciendo una comparativa entre porcentaje de funcionarios y creación de riqueza. Las comunidades y los países que tienen un mayor porcentaje de funcionarios necesitan más impuestos y generan menos riqueza. Aquellos países o regiones donde hay menos funcionarios, los impuestos pueden ser menores y el sector empresarial genera más riqueza.

¿Cuál es el porcentaje óptimo?.

En mi opinión, lo ideal podría ser el 0%, pero hay algunas tareas que tienen que ser realizadas por funcionarios, más adelante hablaré de ellas, pero ya que deben existir funcionarios intentemos que sean los justos y necesarios para hacer bien su trabajo.

La ambición de todos los jóvenes que llegan a edad laboral debería ser la de convertirse en los mejores trabajadores posibles y, en cuanto aprendan lo suficiente, que intenten dar el salto al empresariado, que creen empresas, se arriesguen, y si no lo consiguen que replieguen sus fuerzas, examinen su fracaso y cuando estén preparados de nuevo lo intenten, sabiendo que la forma de hacerse ricos es dando a los clientes aquello que los clientes desean.

Pero hay personas que no tienen esa ambición, ese espíritu emprendedor, o que se han cansado de intentarlo sin éxito o que tienen ya una edad excesiva para trabajar en determinados trabajos.

En mi opinión, los cargos de funcionarios que no necesitan cualificación, deberían quedar reservados a las personas que realmente lo necesitan, minusválidos y mayores de determinada edad. Incluso los que necesitan cualificación, ¿por qué no contratar en ayuntamientos, diputaciones y cualquier otra administración pública a los parados de más de 40 años y a los minusválidos que no encuentren trabajo en la empresa privada?.

Conclusión: En mi opinión, para ser funcionario debería ser requisito haber trabajado al menos veinte años en la empresa privada o tener algún grado de minusvalía que le impida encontrar trabajo en la empresa privada.

La sociedad debería incentivar y promover entre los jóvenes estudiantes el espíritu empresarial para que en un país se cree toda la riqueza posible y dejar los puestos de funcionarios para los que no encuentran su sitio, ni como trabajador ni como empresario en la empresa privada.

Supongo que más de uno se molestará con esta opinión. ¿Qué esperáis, que diga lo bueno que es el funcionariado?. ¿Que convenza a los jóvenes estudiantes de que no hagan empresas, sino que se preparen para unas oposiciones y resuelvan de esa forma su futuro?.
No, lo siento mucho. No hay que ser tan egoísta. Hay que mirar por los demás, averiguar lo que la gente quiere y necesita y encontrar la forma de dárselo al precio más adecuado para generar el mayor bien posible a la sociedad.

El que se hace empresario es un servidor de la sociedad.

El que se hace funcionario es un egoísta que solo busca su propio interés.