Cómo evitar la corrupción

El retrato que hemos hecho hasta ahora puede parecer desolador. La frase con la que empezamos se cierne como una lápida sobre la esperanza de mejorar las cosas.
Pero la corrupción no es inevitable. Se puede controlar. Se puede limitar. Basta encontrar un medio de que la corrupción no se llegue a instalar en la administración pública. Basta encontrar un medio de que las personas que se dedican a la política no tengan ocasión de aprovecharse para sus propios fines y que si alguna persona lo hace pueda ser apartada de inmediato de la política.

Hay dos aspectos a considerar: La prevención de la corrupción y el descubrimiento y castigo de los corruptos.

Para el primer aspecto vamos a hacer un símil que a primera vista puede parecer fuera de lugar, pero posteriormente podrá aportarnos una solución sencilla para prevenir gran parte de los casos de corrupción.

¿Habéis cultivado alguna vez patatas?
Las patatas necesitan un terreno bastante fértil, se siembran a principios de primavera, cuando ya no hay riesgo de heladas, y se recolectan en cualquier momento cuando ya han echado la flor.

Si se plantan patatas en un terreno adecuado y se riegan lo suficiente podemos recoger una cosecha abundante de patatas. Pero si al año siguiente volvemos a plantar las patatas en el mismo terreno, conseguiremos menos patatas y de peor calidad. El tercer año será aún peor y el cuarto las plantas nacerán raquíticas y apenas nos darán tubérculos.
Podemos echar todos los abonos que queramos, pero ocurrirá así. Y no es porque a las patatas les falte algo, ya digo que no importa que echemos más abono. El motivo son las bacterias de la tierra.

En cualquier terreno virgen podemos coger un puñado de tierra y en él habrá miles de millones de bacterias. Y no estoy exagerando. En un puñado de tierra de huerto hay más bacterias que personas en la Tierra. Incluso si nos vamos al lugar más inhóspito de la Tierra, en mitad del Sahara, en un puñado de tierra habrá millones de bacterias y granos de polen llevadas hasta allí por el viento y en estado latente, pero dispuestas a revivir y reproducirse si cayesen unas oportunas lluvias.
Hay miles de variedades de bacterias, cada una de ellas realiza una función determinada, toman alguna sustancia del terreno circundante y lo elaboran para alimentarse y conseguir energía. Después expulsan los desechos. Otras variedades de bacterias toman estos desechos y tras llevar a cabo su propia transformación generan otros desechos distintos. Las raíces de las plantas no toman directamente su alimento del terreno, sino que intercambian sustancias con las bacterias de la tierra. Las células de las raíces de las plantas generan desechos, y estos desechos sirven de alimento a determinadas bacterias. Si los desechos de estas bacterias son también útiles para la planta se produce una relación de simbiosis.
En realidad casi nunca ocurre de una forma tan simple, la mayoría de las veces se producen relaciones sumamente complejas en las que interviene un centenar de variedades distintas de bacterias, cada una alimentándose de determinados desechos de otras y generando los suyos propios. El conjunto de este ecosistema bacteriano intercambia alimento y desechos con las células de las raíces de las plantas.

Sin embargo ese ecosistema bacteriano no es estable. La planta genera gran cantidad de determinados desechos y algunas variedades de bacterias se reproducen más que otras cambiando el entorno en el que se desarrollan las bacterias. Las bacterias más beneficiadas por las raíces de las patatas son perjudiciales para las mismas, de ahí que si cada año estas bacterias se van haciendo más numerosas acaban por perjudicar enormemente la calidad y la cantidad de la siguiente cosecha de patatas.

Un buen agricultor que se dedique a cultivar patatas sabe que para conseguir buenas cosechas en años sucesivos debe llevar a cabo una rotación de cultivos, de forma que nunca cultive dos años seguidos la misma plantación en la misma parcela. De esa forma, cuando cultivamos patatas aumentamos el número de bacterias potencialmente perjudiciales, pero cuando cultivamos otras especies, como zanahorias, coles o trigo, se beneficia a otras bacterias diferentes en detrimento de las primeras, volviendo a restablecer un equilibrio bacteriano que permitirá tres o cuatro años más tarde repetir una óptima cosecha de patatas.

Volviendo al terreno de la corrupción de los políticos, vemos que hay varios puntos en común.

Por regla general un político empieza su carrera con objetivos honestos (no entremos en si sus ideas políticas son correctas o equivocadas, esta argumentación sirve para ambos casos). La situación de poder que ocupa se ve atacada por las bacterias de la corrupción y durante un cierto tiempo el político podrá ser fiel a sus principios, pero tarde o temprano puede comenzar a caer por la escala de la corrupción.

Ahora bien, si un político ocupa un cargo en una administración durante un número determinado de años, y antes de que dé tiempo a corromperse cambia de cargo o de administración, las cadenas de la corrupción se rompen. Al establecerse en un cargo diferente en la misma administración o en el mismo cargo en una administración distinta, los agentes corruptores (empresarios o profesionales con los que se relacione por razón de su cargo) deben comenzar de nuevo su labor de corrupción del político que ha pasado a ocupar el cargo. Al mismo tiempo, el político trasladado no conoce a los nuevos agentes con los que tiene que relacionarse y si ya ha establecido contactos que le han llevado en la dirección de la corrupción, a partir de ese momento perderá esos contactos y deberá actuar con honestidad (bien sea por ser fiel a sus principios o al menos por prudencia) ya que no sabe cuáles de los nuevos agentes con los que se relaciona podrían entrar en el juego de la corrupción.

Igual que los agricultores inventaron la rotación de cultivos para mejorar las cosechas en años sucesivos, los políticos deben establecer un sistema de alternancia de las personas en el poder para evitar la corrupción.

Quiero hacer aquí una aclaración. Ni todos los políticos acaban corrompiéndose, ni todos los agentes con los que se relacionan (empresarios y profesionales) son corruptores. Hay excelentes políticos, empresarios y profesionales que jamás serían corrompidos ni corruptores, pero la historia nos ha enseñado que hay muchos en esas circunstancias y solo unos pocos son descubiertos.

En el sistema político en el que vivimos hay una serie de administraciones públicas. La Administración Local es la más cercana a los ciudadanos. Después está la Administración Autonómica y por último la Administración Nacional.
En este momento la legislación electoral permite que un político ocupe un mismo cargo en la misma administración de forma indefinida siempre que tenga el respaldo de las urnas.

En mi opinión debería modificarse la ley electoral para asegurar la alternancia de las personas en el poder.

Una persona que quisiera dedicar su vida a la política debería asumir desde el principio que si ocupa un cargo de poder no podrá hacerlo durante más de dos legislaturas seguidas en la misma administración. Si una vez cumplido este requisito desea seguir dedicándose a la política deberá prepararse para ocupar un cargo diferente en la misma administración o cambiar de administración.

Aunque hemos hablado principalmente del mundo de la política, el problema de la corrupción existe en todas las organizaciones formadas por personas que puedan controlar medios de poder.
Por ello todas estas organizaciones deberían contar con medios semejantes para luchar contra la corrupción de las personas que trabajen en ella.