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EcoVida |
El Clima |
Hace miles de años que la humanidad viene construyendo viviendas para
habitarlas.
A base de experimentar distintos métodos y seleccionar los que mejor funcionan
ha descubierto ciertas reglas que permiten construir una casa que sea
confortable tanto en verano como en invierno. Pero estas reglas no son
universales, no se deben intentar en cualquier zona climática pues una vivienda
que resulta confortable en un clima húmedo no lo será si la construimos igual
en uno seco. Una casa confortable en las montañas no lo será si la construimos
igual en la costa.
Por eso, antes de construir una casa debemos conocer dos cosas fundamentales:
¿qué factores influyen positiva o negativamente en el confort de una
vivienda?. y ¿qué medidas son las adecuadas para el terreno en el que quiero
construir la casa?.
La comodidad es fácil de percibir, y los factores que influyen en ella son
muchos, pero aquí voy a ocuparme solo de uno: el calor.
Todos queremos una casa que resulte fresca cuando en la calle haga calor y
cálida cuando haga frío.
Esto es algo que parece oponerse a la lógica, si fuera hace calor, lo
lógico es que la casa sea calurosa, y si fuera hace frío lo lógico será que
en la casa haga frío.
Sin embargo, conociendo la forma en que se transmite el calor, se conserva y
se administra, no resulta demasiado difícil hacer una casa que cumpla estos
objetivos.
Todo el calor que recibimos en la Tierra tiene su origen en el Sol. Cada
segundo, millones de toneladas de gas hidrógeno se fusionan para formar helio.
Cuatro átomos de hidrógeno se funden y forman uno de helio. Pero el helio pesa
algo menos que los cuatro átomos de hidrógeno, la masa sobrante se convierte
en energía que es emitida por el Sol en todas direcciones. Esta energía toma
la forma de ondas de muy distintas frecuencias, las ondas de luz visible apenas
representan un pequeño porcentaje de la energía desprendida por el Sol. El
resto son infrarrojos, ultravioletas, ondas de radio, rayos X y Gamma, etc.
El Sol nos transmite luz y calor en forma de radiaciones a través de ciento
cincuenta millones de kilómetros de espacio vacío. Cuando esas radiaciones
llegan a la atmósfera encuentran su primer obstáculo. La atmósfera es casi
transparente, pero no lo es por igual a todas las radiaciones. La luz visible
puede atravesar la atmósfera perdiendo apenas un dos o tres por ciento de su
intensidad (salvo cuando hay nubes). Pero la atmósfera es mucho más opaca a
las radiaciones caloríficas. De todo el calor recibido por la atmósfera, menos
de la mitad consigue llegar a la superficie de la Tierra. El resto es reflejado
hacia el espacio.
Y si tomamos las medidas al amanecer o al atardecer, cuando las radiaciones
solares tienen que atravesar muchos más kilómetros de aire, la cantidad de
calor recibida del Sol es mínima.
Hemos visto que el calor se transmite hasta la Tierra, a través de 150
millones de Km.
La forma en que se transmite desde el Sol hasta la Tierra es por Radiación.
Una vez llegadas a la superficie de la tierra, las radiaciones luminosas y
caloríficas chocan con objetos (piedras, plantas, agua) y dependiendo del tipo
de objeto que se trate tendrán un comportamiento distinto.
El calor caído sobre las plantas es absorbido en gran parte. Eso eleva
la temperatura de los tejidos de las plantas y favorece las reacciones químicas
de la vida convirtiendo el calor en energía química. Un exceso de calor
podría perjudicar a las plantas, pero a lo largo de millones de años las
plantas se han adaptado a la cantidad de calor que reciben de forma natural. Las
plantas que necesitan más cantidad de calor solo sobreviven en zonas
tropicales. Las plantas que necesitan menos calor solo habitan en países
boreales.
El calor caído sobre el agua o el hielo es reflejado en gran parte a la
atmósfera, en la que se perderá otra parte de calor y del restante una parte
escapará al espacio mientras que otra cantidad, muy inferior a la original,
rebotará en la atmósfera para volver hacia la superficie. En cada rebote una
cantidad importante vuelve a perderse en el espacio pero en su camino la
atmósfera ha sufrido un calentamiento. Esto ocurre así desde hace miles de
millones de años y toda la vida, toda la naturaleza, está adaptada a ello.
El calor caído sobre arena y rocas es absorbido en un porcentaje muy
grande haciendo que la roca se caliente. Una vez calientes, las rocas emiten
radiaciones de calor, del mismo tipo que las radiaciones solares, pero con menor
intensidad. Mientras más caliente esté la roca mayor será la cantidad de
radiaciones que emita, así que una piedra que empieza a recibir radiaciones
térmicas también empieza a emitirlas, pero en menor cantidad. La diferencia
hace que la piedra se siga calentando y mientras más se calienta más
radiaciones emite, hasta que llega un punto en que las radiaciones emitidas se
equilibran con las recibidas. En ese momento la roca deja de calentarse. Ha
alcanzado su temperatura de equilibrio con la radiación que está recibiendo
del Sol. Al ponerse el Sol, la roca deja de recibir calor, pero al estar aún
caliente sigue emitiéndolo. Conforme se va enfriando emitirá cada vez menos
radiaciones térmicas, así hasta que su temperatura alcance la misma
temperatura del ambiente. Si la roca es pequeña, tardará poco rato en igualar
su temperatura con el ambiente. Si la roca es grande tardará más tiempo.
De hecho, aunque pudiera parecer lo contrario, incluso cuando una roca está fría emite radiaciones caloríficas, pero si la roca está en un paisaje cualquiera, también el paisaje (las rocas vecinas, las plantas, los animales cercanos) emiten radiaciones, unos cuerpos en más cantidad, otros en menos, y la roca recibe radiaciones de ese paisaje, y emite radiaciones hacia el paisaje, por eso al final se produce un equilibrio en el punto en que la roca alcanza la misma temperatura que el paisaje en el que está inmerso.
La luz visible actúa de una forma distinta al calor. Para la luz visible el aire es casi transparente y la diferencia de la intensidad de luz al amanecer y al mediodía es escasa. También el agua es bastante transparente a la luz, aunque debido a la naturaleza ondulatoria de la misma una parte de la luz se refleja en la superficie del agua de ríos y mares y, volviendo a atravesar la atmósfera se pierde en el espacio. Aquí no hay rebotes en las capas altas, tal como con el calor. Un rayo de luz reflejado en el agua o en un espejo se pierde en el espacio.
Al caer sobre una planta, parte de las radiaciones (principalmente las verdes) son reflejadas en forma de luz. El resto son absorbidas por la planta y mediante el proceso de la fotosíntesis convertida en energía química.
Pero al caer sobre una roca, su comportamiento es distinto. Tal como en cualquier otro objeto una parte de la luz será reflejada. La frecuencia de las ondas de luz reflejada son las que determinarán el color del objeto en cuestión. De hecho, si vemos un objeto de color rojo es porque refleja las radiaciones de color rojo.
El resto de las radiaciones son absorbidas por la roca, pero aquí no hay
procesos químicos ni fotosintéticos, ¿qué ocurre entonces?. Sencillamente,
la luz absorbida por la roca se convierte en calor, la roca se calienta y
aumenta su emisión de radiación.
Esta radiación puede rebotar hacia otros objetos o hacia la atmósfera
siguiendo el camino que habitualmente siguen las radiaciones caloríficas que
llegan desde el Sol.
La segunda forma en que el calor se transmite de unos cuerpos a otros es por conducción, por contacto. Cuando una roca recibe radiaciones de calor, en realidad solo recibe calor en su superficie, pero la energía calorífica se va transmitiendo desde los átomos de la superficie a los átomos del interior, hasta llegar al centro de la roca e incluso hasta el extremo opuesto, que también se calienta a pesar de no estar recibiendo calor del Sol.
Hay una tercera forma de transmitirse el calor: por convección.
Consiste en que los átomos de la superficie de la roca calientan por
conducción los átomos de
aire que están en contacto con ella. Al calentarse, el aire tiende a ascender y
en su ascenso entra en contacto con otros cuerpos calentándolos.
Esta es una forma de transmisión de calor menos eficiente pero bastante
usada durante algún tiempo en que se puso de moda en los hogares. Hoy en día se recomienda más el uso de radiadores, que dan un calor
más sano, aunque se ha dado el caso de personas que, por desconocimiento cubren
el radiador con un "cubreradiadores" una bonita celosía de madera que
sirve para tapar la fealdad del radiador. En realidad, al cubrir un radiador, la
celosía obstruye las radiaciones caloríficas calentándose solo el aire del
interior y convirtiéndose en un simple convector de aire.
También es importante comprender cómo incide el calor en los tejados y muros de una casa y como esa incidencia varía a lo largo del día y a lo largo del año.
El Sol sale por el Este, es decir, que una fachada orientada al Este
recibirá el máximo de calor desde el amanecer y recibirá cada vez menos hasta
el mediodía, momento en que la fachada Este queda en la sombra, deja de recibir
calor y empieza a recibirlo la fachada situada al Oeste. Conforme avance la
tarde la fachada Oeste recibirá cada vez más calor hasta el atardecer, que
recibirá el máximo justo antes de la puesta de sol.
Esto será así tanto en verano como en invierno, y si bien en invierno sería
muy de agradecer ese calor, el efecto que produciría en verano sería tan
acusado que haría muy calurosas las habitaciones orientadas al Oeste de la
casa.
Existe una forma de paliar este problema, y es poner algo que en verano dé
sombra a las fachadas Este y Oeste pero en invierno permita que pasen los rayos
de sol. Lo ideal para ello serían árboles de hoja caduca. Unos árboles
frondosos en primavera y verano que darían sombra a toda la fachada Este y
Oeste pero que en Otoño e Invierno, al quedar desnudos de hojas, dejarían
pasar entre las ramas los preciados rayos de sol.
La fachada norte de la casa solo recibirá sol durante una hora al amanecer y al atardecer en los meses de Junio y Julio, pero en un ángulo tan cerrado que la incidencia de calor en dicha fachada será casi despreciable.
Queda por analizar cuánto calor recibe el techo y la fachada Sur, pero ahí tiene bastante importancia cómo varía la posición del Sol a lo largo del año.
El movimiento del sol a lo largo del año es totalmente previsible, y en el
lugar donde se encuentra situada mi parcela, a 41º N, el recorrido del sol
varía bastante entre el verano y el invierno.
| El mediodía se produce en mi parcela a la una y cuarto, pero con el fin de facilitar la explicación usaré un horario solar teórico, según el cual el mediodía y la medianoche coinciden exactamente a las 12:00 y a las 00:00. |
En los equinoccios (21 de Marzo y 21 de Septiembre) el día y la noche duran
doce horas, el sol sale exactamente por el Este a las 06:00, se oculta por el Oeste
a las 18:00 y a
mediodía se encuentra situado justo al sur.
En estas fechas el sol realiza su recorrido justo sobre el ecuador, es decir que en relación
a la parcela se encontrará a 41º de la vertical.
La radiación solar que incide sobre la fachada sur al mediodía lo hará en un ángulo de
41º con lo que un metro cuadrado de radiación solar se repartirá sobre 1,52 m² de pared.
Conforme avanza el verano el sol va ascendiendo de latitud, hasta que el
solsticio de verano realiza su recorrido justo sobre el Trópico de Cáncer. Al
verse reducida la distancia hasta el paralelo 41, también se ven alterados
otros factores.
En primer lugar, el sol saldrá por el Noreste, a unos 25º del Este, y se
pondrá también a 25º al norte del Oeste, dando durante un par de horas el sol
sobre la fachada norte de los edificios, aunque en un ángulo muy reducido.
A las 06:00 y a las 18:00 el sol se encontrará exactamente al Este y al Oeste,
pero en vez de estar justo en el horizonte se encontrará a una altura de unos
20º sobre él.
Al mediodía el sol estará al Sur y sus rayos incidirán sobre la fachada sur
con una inclinación de 41+23=64º, con lo que un metro cuadrado de luz solar se
repartirá sobre una extensión bastante mayor de la pared, o por decirlo de
otra forma, toda la fachada sur recibirá menos cantidad de energía solar. En
contraposición, el tejado de la casa recibirá una cantidad mucho mayor de luz
solar que deberá evitarse por algún medio.
En el solsticio de invierno la situación se invierte, el sol estará sobre
el trópico de Capricornio, 23º al sur del ecuador y eso tendrá las siguientes
consecuencias:
A las 06:00 el sol se encuentra justo al Este, ¡pero por debajo del
horizonte!.
De hecho no saldrá hasta hora y media más tarde. También la puesta de sol
se producirá hora y media antes de las 18:00 dando más de tres horas más de
noche que de día.
Aparte de esto, el sol se encontrará a mediodía mucho más abajo en el
horizonte. Esto hará que el tejado de la casa reciba menos cantidad de luz
solar, pero por contra, la fachada sur recibirá la luz del sol en un ángulo de
41-23=18º. Es decir, en pleno invierno la fachada sur recibirá MAS radiación
solar que en todo el año.
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Si vemos la tabla y el gráfico adjuntos comprobamos que en los equinoccios el sol cae con
un ángulo de 41º desde la vertical. Sobre cada metro cuadrado de terreno
horizontal cae 0,755 m² de luz solar, pero en una fachada vertical, un ángulo
de incidencia de 41º implica que sobre cada metro cuadrado de fachada cae un
rayo de sol de 0,656 m² de sección.
En el solsticio de verano el ángulo de incidencia del sol es de 18º, por lo
que suelos y tejados captarían un 95% de la potencia solar, algo excesivo para
hacer un hogar confortable, pero por contra la fachada sur recibirá poco más
del
30%. Si además ponemos un alero de un metro al tejado, el sol no llegará a dar
en la fachada, con lo que conseguimos una fachada sumamente fresca en verano.
Lo contrario que en el solsticio de invierno, el sol cae con una inclinación de
64º, el tejado apenas capta el 44% de la potencia solar, pero la fachada sur
recibe casi el 90% de la misma.
Es decir, y como conclusión, si bien el conjunto de la casa recibe mucha
más radiación en verano que en invierno, precisamente la fachada Sur de la
casa es la única que recibe más calor en invierno y menos en verano, que es
justo lo que necesitaríamos para mantener una casa cálida en invierno y fresca
en verano.
Si pudiéramos hacer que el conjunto de la casa participe del calor recibido por
la fachada Sur y quedara aislada del resto de las fachadas y del techo, la casa
sería muy confortable tanto en verano como en invierno.
Por tal motivo, y como primera regla fundamental a la hora de diseñar una casa, el techo y las fachadas Este, Norte y Oeste deben ser protegidas de ganancias o pérdidas de calor con sistemas de aislamiento térmico. La fachada Sur es nuestra puerta al confort, y debemos aprovecharla todo lo que sea posible.
Un fenómeno bastante interesante en relación con la luz y el calor es el que produce un material muy poco corriente en la naturaleza pero ampliamente fabricado y usado por la civilización: El cristal.
El cristal corriente, que usamos en nuestras ventanas, es casi totalmente transparente a las radiaciones de luz visible, pero es casi totalmente opaco a las radiaciones caloríficas. Así, si protegemos una roca dentro de una campana de cristal, las radiaciones caloríficas del Sol no llegarán a la roca, pero la luz sí. Pero después, una vez que parte de esa luz se ha convertido en calor, este queda encerrado en la campana de cristal y es vuelto a reflejar hacia la roca. La cantidad de calor dentro de la campana de cristal se va acumulando llegando en poco tiempo a una temperatura muy superior a la que se conseguiría sin la campana de cristal.
Este efecto se conoce como efecto invernadero, ya que en los invernaderos de cristal es donde con más intensidad se manifiesta este fenómeno.
De esta forma vemos que si queremos que un objeto se caliente más de lo que
lo haría al colocarlo al sol, basta encerrarlo bajo una campana de cristal. Si
queremos que un muro se caliente más, basta colocar un cristal a unos
centímetros del mismo. La luz que atraviese el cristal se refleja en forma de
radiaciones caloríficas y estas son reflejadas de nuevo por el cristal. El
muro, o el objeto en cuestión puede alcanzar temperaturas mucho más altas que
sin el cristal. El efecto se multiplica aún más si el objeto es o está
pintado de negro mate, pues de esa forma no refleja luz visible y toda la luz
recibida se convierte en calor. Y aún más se maximiza si los laterales del
cristal están cerrados impidiendo que el aire calentado por convección entre
el cristal y el muro escapen a la atmósfera.
Este sistema lo han usado ya varios constructores de viviendas
ecológicas para construir muros de acumulación de calor, y se conoce como muro
Trombe, ya que fue inventado y desarrollado en Francia por Félix
Trombe.
Una
utilidad más del muro Trombe es que la cámara de aire que hay entre el muro y
el cristal calientan el aire interior, y ese aire puede ser usado para dar calor
al interior de la casa. El sistema es sencillo, se abre un hueco, cubierto con
una rejilla en la parte superior del muro y otra en la parte inferior. El aire
recalentado asciende y pasa al interior de la casa. Para ocupar ese vacío, el
muro absorbe aire por la parte inferior de la casa. Como el aire caliente tiende
a ascender y el frío a descender por sí solos, el sistema se mantiene en
funcionamiento constantemente, sin necesidad de empujar el aire con bombas o
ventiladores.
La
solución para refrescar la casa en verano es también muy sencilla. En
principio, como el sol está bastante más alto, apenas entrará radiación
solar ya que sobre el muro sur hay un alero de un metro de ancho. El sol no
dará directamente en el cristal, pero la luz reflejada por el paisaje sí. El
efecto de calentamiento del muro será muy inferior al que se produce en
invierno y no bastaría para dar una cantidad apreciable de calor al interior de
la casa. No obstante podemos hacer lo siguiente: se cierra la rejilla inferior
del muro Trombe y se abre otra en la parte superior del muro. Al mismo tiempo,
en el extremo norte de la casa abrimos una rejilla por la que entre aire fresco.
La corriente de aire que se genera de forma natural mantiene fresco todo el
interior de la vivienda sin necesidad de usar mecanismos como bombas de aire,
ventiladores, etc. Para asegurarnos de que el aire que entra por la fachada
norte es bastante más fresco que el aire ambiente, podemos instalar un
refrigerador de aire natural de la siguiente forma:
Al norte de la casa
se planta un bosquecillo de árboles de hoja perenne (a ser posible
autóctonos, que se den de forma natural en la zona. En mi caso será un bosque
de encinas y robles) para proteger de forma permanente el suelo de los rayos
solares. Antes de proceder a la plantación se cavarán unas zanjas de un metro de profundidad en las que se enterrarán
varias tuberías de uralita de unos 40 cm de diámetro. A través de un tubo
vertical cubierto con una malla para impedir el paso de mosquitos e insectos
penetrará
el aire que recorrerá de forma secuencial todos los tubos hasta llegar a su
extremo. La porosidad de los tubos absorberá la humedad del terreno que se
evaporará en la superficie interna provocando un efecto de
enfriamiento. Tras completar el recorrido, el aire habrá bajado bastante la
temperatura y se le conducirá a la casa cuando sea necesario,
principalmente en los meses de verano.
Este sistema de enfriamiento no tiene más gasto que el mantener el cuidado
del jardín y una limpieza anual de las arquetas, mucho más económico que
ningún sistema de aire acondicionado.
Nos interesa que el calor entre en la casa por la fachada sur, pero al mismo
tiempo también nos interesa que ese calor dure toda la noche. Para ello el muro
Sur no debe ser sólo un lugar de paso del calor, sino más bien un sistema de
acumulación de calor. Para ello debemos construir un muro grueso y macizo, no
usar ladrillos huecos ni bloques prefabricados con los que se construyen tan
rápido las fachadas hoy en día.
Podemos usar ladrillos macizos o construir un muro de cemento, aunque también
podemos usar técnicas de construcción más antiguas como rocas unidas con
cemento, tapial o adobe. Personalmente prefiero el tapial, método de
construcción muy sencillo y económico ya que para su construcción se puede
usar la misma tierra de la parcela, mezclándola con aproximadamente un diez por
ciento de cemento para estabilizar la tierra y darle consistencia. A la mezcla
se le añade poca cantidad de agua, apenas lo bastante para que podamos coger un
puñado de mezcla y al soltarla se quede la forma del puño sin embarrar la
mano.
El método es simple, se construye un encofrado de madera, igual que si
fuésemos a construir un muro de hormigón, respetando los huecos de puertas y
ventanas. Se rellena de mezcla hasta unos treinta centímetros y se apisona. Si
tenemos una apisonadora de motor, estupendo, si no con un pisón. Se añaden
otros treinta centímetros de mezcla y vamos ascendiendo, así hasta completar
el muro.
El hecho de apisonar la tierra hace que los granos de tierra se encajen entre
sí con más solidez y el cemento húmedo servirá como pegamento dando
cohesión al muro, pero es importante que la tierra no esté empapada de agua,
ni siquiera medio mojada, ya que el agua no se comprime y la mezcla no
conseguiría la misma densidad y dureza.
Una vez terminado, este muro funcionará muy
bien como acumulador de calor y con un grosor de medio metro tendrá
consistencia más que suficiente para soportar el peso del tejado, una vez que
lo pongamos encima. Para quien no tenga fe en los métodos de construcción
tradicionales, puedo recomendarle que construya el tejado tal como lo haría con
columnas, vigas y viguetas, según las técnicas de construcción más modernas
y, si quiere, el muro sur lo puede hacer de hormigón armado. De cualquier modo, tratándose
del lugar en el que vamos a pasar gran parte de nuestra vida, recomiendo siempre
el consejo de un arquitecto que nos garantice que la casa cumple todas las
normas de seguridad necesarias.
Hay quien incluso calcula el grosor óptimo del muro teniendo en cuenta
la velocidad a la que el calor lo atraviesa. Supongamos que dicha velocidad
es de diez centímetros por hora y el grosor del muro es de 50 cm. Entonces el
calor más intenso del medio día llegaría a atravesar el muro cinco horas más
tarde, más o menos al ponerse el Sol. Como a partir de esa hora no entrará
más calor en el muro, este emitirá hacia el interior de la casa el calor que
se haya acumulado en el muro, pero ya de forma decreciente hasta que vuelva a
salir el Sol, al día siguiente.
No tengo la menor idea de a qué velocidad se transmitirá el
calor dentro de un muro de tapial, ni de hormigón ni de piedras. Para saberlo
solo se me ocurre un sistema: construir el muro, poner un termómetro en la
parte interior del mismo y anotar la hora en la que el termómetro señala la
temperatura más alta. El grosor del muro dividido entre el tiempo transcurrido
desde el mediodía anterior nos dirá esa velocidad.
De todas formas, no es tan importante que la temperatura más alta del
interior del muro coincida a la hora de la cena o de irse a la cama, lo importante es que el muro
ha acumulado una importante cantidad de calor. Parte de ese calor lo emitirá
hacia el interior de la casa a lo largo de la noche y, por la mañana, cuando el
Sol vuelva a hacer su trabajo, aún quedará algo de temperatura sobrante del
día anterior.
Incluso es posible (solo la práctica lo confirmará) que el muro aún conserve
una cierta cantidad de calor si un día determinado amanece nublado o lloviendo.
Durante la noche el calor también se perdería por la parte
exterior, y en más cantidad, ya que la diferencia de temperatura será mayor.
Para evitarlo se pueden adoptar dos soluciones, que en realidad es la misma. La
primera es convertir la fachada sur en un muro
Trombe, tal como se explica más arriba.
La segunda solución es prácticamente la misma pero creo que mejor: Construir un invernadero o
habitación totalmente de cristal adosada a la fachada Sur de la casa.
Personalmente, y no teniendo problemas de espacio, prefiero esta segunda
solución, que al mismo tiempo me hará ganar una cálida terraza donde comer y
descansar incluso en los más fríos días del gélido invierno (siempre que
haga sol).
He dejado éste como ultimo factor a considerar porque esto dependerá del clima en el que se viva.
Todo lo dicho hasta ahora no serviría para alguien que tuviese la casa entre los trópicos, cerca del ecuador, ya que allí el sol cae tan vertical a mediodía que su incidencia en la fachada sur, o en la norte, sería mínima. Las únicas fachadas que recibirían calor, y bastante, serían la Este y Oeste, pero de todas formas allí nuestro objetivo no sería ganar calor en invierno, sino perderlo a lo largo de todo el año.
Y por supuesto, si alguien quiere construir una casa en el hemisferio Sur, en Argentina o Chile, por ejemplo, debería tener en cuenta que para todas las explicaciones dadas aquí deberá cambiar las palabras Norte por Sur, y viceversa.
La orientación de la casa solo tiene un requisito, y es tener en cuenta que la fachada más importante de la casa es la fachada Sur. Esta será la que haga confortable la casa, por eso es importante que esté orientada exactamente de Este a Oeste. Si hay una pequeña variación no es un problema grave, pero mientras más se aparte la fachada sur de esta orientación menos calor se aprovechará en invierno y más calor no deseado se acumulará en verano.
El resto de la casa, como va a estar aislada térmicamente, es indiferente como la construyamos, podría tener forma de estrella o de círculo, incluso se puede dejar un patio interior para que las habitaciones orientadas al norte también reciban luz solar durante el invierno. Lo más económico y sencillo, por supuesto, es la forma rectangular, y a ella me atendré casi con seguridad.
Y siendo un rectángulo queda una última consideración: ¿Que forma tendrá
ese rectángulo? ¿Alargado de Este a Oeste o de Norte a Sur?.
En el primer caso la fachada Sur tendría, pongamos por caso quince metros y
acumularía calor para calentar ocho metros de profundidad.
En el segundo sería al revés, una fachada Sur de ocho metros debería acumular
calor para una casa de quince metros de profundidad.
La solución parece obvia: En los climas fríos es mejor tener un muro Sur más largo y en los calurosos es preferible orientar la casa de Norte a Sur, de forma que el muro Sur sea de los cortos.
Parece obvio, pero tengamos presente que si la distancia es muy larga, el calor del muro Sur no llegará nunca hasta toda la casa, por eso, si se puede elegir, es preferible casi siempre que la orientación de la casa sea Este-Oeste. Tengamos presente que si sobra calor en invierno no pasa nada, se abre una ventana, pero si falta tendremos que tomar medidas para conseguir un calentamiento extra.
Por otro lado tengamos en cuenta que la casa debe tener ventanas en todas las
habitaciones. Por lo ya sabido, una ventana en la fachada Sur permitirá
calentar la casa en invierno y refrescarla en verano. En las fachadas Este y
Oeste podrían suponer un problema, por eso recomiendo que si se ponen ventanas
al Este y al Oeste, plantar árboles frondosos o instalar unos toldos para que
no entre la luz del Sol directamente. Si no se hace así corremos el riesgo de
sobrecalentar la casa durante el verano. Por supuesto, todas las ventanas deben
ser de doble acristalamiento y con rotura térmica. Las ventanas que mejor
funcionan en este sentido son las de madera natural, mucho mejor que las de
aluminio, y son más ecológicas que las de PVC.
Las ventanas que se instalen en la fachada norte deben ser las más cuidadas en
su aislamiento térmico, pero no hace falta protegerlas del Sol.
En cuanto al aislamiento de los muros, hay que intentar usar un sistema de
aislamiento lo más natural posible, pero sí es importante responder a una
pregunta: El aislamiento térmico ¿se debe instalar por dentro o por fuera de
los muros exteriores?. En los sistemas de construcción antiguos la respuesta
dependía de si la casa iba a ser habitada permanentemente o solo en estancias
cortas, de fin de semana.
El motivo es que una casa tradicional construida con gruesos muros tarda varios
días en caldearse. Si solo vamos a estar un fin de semana, cuando la casa
empieza a ser un poco cálida ya nos tenemos que volver.
En una casa así, es conveniente usar aislamiento térmico por dentro de los
muros de la casa. Así, cuando lleguemos el viernes hay que calentar muy poca
masa térmica y en pocas horas los muros dejan de absorber calor.
Pero si la casa es para habitarla de forma permanente, es preferible instalar
una capa de aislamiento térmico por la parte exterior de los muros de la casa.
De esa forma, una vez caldeados los muros interiores estos podrán conservar
más cantidad de calor durante la noche, e incluso el calor podría conservarse
por varios días.
Eso es en las construcciones tradicionales. Si construimos una casa bioclimática con muros Trombe, el mecanismo natural del Sol mantendrá nuestra casa cálida en invierno y fresca en verano, estemos o no estemos en ella, es decir que podemos llegar tras una larga ausencia y encontrar la casa en las mejores condiciones de confort.
Teniendo esto en cuenta, una casa bioclimática bien diseñada siempre es preferible aislarla térmicamente por el exterior de los muros, permitiendo que éstos sirvan como acumuladores de calor que mantengan una temperatura bastante estable entre el día y la noche.
El resultado es que conociendo todas estas técnicas, y con un poco de
ingenio, podemos conseguir una casa que, de forma totalmente natural y sin
ningún gasto energético, se mantenga bastante cálida en invierno y fresca en
verano.
Tan solo en las fechas más avanzadas del invierno, tras varios días nubosos
podría ser necesario encender la chimenea para caldearla. En tal caso el mejor
lugar para instalar una chimenea sería, o bien en un muro interior de la casa
con bastante masa térmica para que el calor del muro dure toda la noche,
después de apagado el fuego, o bien adosada por la parte interior al mismo muro
Trombe.
De todas formas, aunque no llegase a hacer falta, es recomendable encender la
chimenea de vez en cuando. Es una de las tareas más relajantes y placenteras de
la vida en el campo.
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