En 1.979 pasaron varias cosas importantes.
En el universo, dos cosmonautas soviéticos establecieron en 275 días el record de permanencia en el espacio y los Voyager 1 y 2 pasaron junto a Júpiter con una diferencia de cuatro meses enviando gran cantidad de fotografías.
En el mundo, quinientos estudiantes iraníes secuestraron a los miembros de la embajada americana, los rusos enviaron tropas a Afganistán y Somoza renunció a la presidencia de Nicaragua y partió para el exilio.
En España acabábamos de estrenar Constitución y nos preparábamos para unas elecciones generales en las que por primera vez los mayores de 18 años podrían ejercer su derecho a elegir a sus gobernantes.
Yo voté por primera vez, conseguí mi primer trabajo y compré en el Rastro de Madrid un libro titulado "Ciudades en el Espacio" de Gerard K. O'Neill.
Desde entonces se han batido todos los records espaciales, han habido muchas más guerras y algunos de aquellos políticos a los que votamos han pasado por la cárcel. Yo he cambiado varias veces de trabajo y, sin saber cómo, vuelvo a trabajar en la primera empresa que empecé a trabajar hace ya tantos años. Durante todos estos años he observado la investigación espacial, esperando que los hechos expuestos en aquel libro comenzaran a hacerse realidad.
Y también he escrito. He escrito mucho y publicado nada, será que no sé escribir bien, pero insisto porque me gusta. Y las dos novelas que he escrito hasta ahora transcurren en ciudades espaciales parecidas a aquellas que O'Neill describió, aunque en una época más lejana de la que a él le hubiera gustado. Él pensaba que en el año 2.000 ya podrían estar funcionando una base en la Luna y una factoría espacial y la primera ciudad espacial estaría a medio construir. Yo no creo que la primera ciudad espacial que se pueda llamar realmente ciudad se construya en los próximos setenta años, aunque pondré todo mi empeño en divulgar la idea de que ése es el camino que debe seguir la exploración del espacio.
Al principio de 1.999 me hice internauta y una de las primeras cosas que intenté, tras aprender a moverme un poco por Internet, fue buscar todo lo que hubiera en la Red sobre el concepto de Ciudades en el Espacio.
¡Y no encontré nada!.
Sólo busqué en el mundo hispano pero quedé sorprendido de que no hubiera ninguna página sobre el tema, ni sobre O'Neill, y las únicas referencias que encontré a estaciones espaciales eran las antiguas, SkyLab, Mir, o la futura Estación Espacial Internacional.
¡No es posible, tiene que haber algo!. Pregunté en un par de foros, escribí a los autores de varias webs espaciales en español así como a varios profesores al azar en la universidad de Princeton y en el MIT. Sorprendentemente, los tres profesores de física a los que escribí me contestaron, demostrando mucha más educación en ello que algunos autores de webs espaciales que no parecen tomarse muy en serio el tema de contestar su correo.
Bien, me dije. Si no hay nada lo haré yo.
Empecé sin apenas información, el libro que leí hace veinte
años lo perdí cuando hice el servicio militar en Barcelona en
el año del golpe (no tuve nada que ver, lo juro), así que sólo
tenía un artículo de seis páginas en un almanaque mundial y lo
poco que era capaz de recordar.
Con eso, un poco de imaginación y lo que he aprendido durante
años de lecturas de revistas científicas, empecé a hacer mi
página.
Y un día, mientras accedía por primera vez a la revista Scientific American en inglés, encontré una referencia al estudio de la NASA de 1.975.
Es decir, que no se había olvidado. El trabajo de Gerard
K.O'Neill no fue un trabajo aislado de un profesor universitario
que decidió escribir un libro exponiendo sus sueños, que de ahí se hicieron míos.
No, el trabajo de O'Neill fue un trabajo ¡patrocinado por la
NASA! (yo no sabía eso).
¡Pues tenía que haber algo en la NASA!.
Y de repente, en una de esas búsquedas en las que pinchas, y pinchas, y vuelves a pinchar desesperado y aburrido por la lentitud de Internet, una foto apareció ante mí.
Era Isla Tres.
Y desde ahí di con varios enlaces a páginas que hablaban
sobre el tema de las ciudades en el espacio, aunque los
americanos, y quizás por eso no las encontré antes, las llaman
colonias.
En fin, hoy soy un asiduo lector de todas esas páginas y a ellas
acudo para documentarme de los aspectos técnicos de la
construcción de Ciudades en el Espacio.
No pretendo hacer una copia de esas páginas, y en su momento pondré las direcciones de todas ellas, pero el esquema general de este sitio es mío. Y si no os gusta, decidlo, que hasta ahora he respondido a todos los que me han escrito.
Espero que el tema os interese, y si tenéis dudas sobre la realidad científica de los datos que expongo, podéis hacer dos cosas, esperar a que este sitio siga creciendo y responda a todas las preguntas que os planteéis, o escribirme, este sitio crecerá en la dirección que vosotros decidáis.
Y mientras tanto, feliz navegación.