Desde el principio de la historia la Humanidad se ha distinguido de los animales por su capacidad de soñar.
En ocasiones eran sueños quiméricos, sin la más mínima
posibilidad de realizarse.
Otras veces esos sueños han hecho que el Hombre imagine una
situación mejor, y haya hecho lo posible por hacerla realidad.
Qué sueños eran quiméricos o realizables era algo imposible
de decir en la época en que se tuvieron por primera vez esos
sueños.
Desde que Icaro robó las alas que había fabricado su padre y
murió al acercarse demasiado al sol, siempre se dijo que el
volar es para los pájaros.
Hubieron de pasar miles de años para que el hombre pudiera por
fin volar y durante todos esos años hubo hombres que murieron al
arrojarse desde las alturas o quemados en la hoguera por intentar
atribuirse cualidades que Dios había reservado para las aves.
Muchos de nosotros tenemos un sueño: el de que algún día
podamos viajar al espacio.
Desde hace cuarenta años es un sueño cada vez menos quimérico
y más asequible, de hecho son ya más de un centenar de personas
las que han viajado al espacio.
Hoy en día casi nadie duda que algún día pisaremos otros planetas en el Sistema Solar, instalaremos hábitats y ciudades y realizaremos procesos de terraformación en Marte y en Venus para hacer que ambos planetas se parezcan lo más posible a la Tierra.
Los pasos para conseguirlo han sido estudiados por numerosos científicos serios y hay ya muy pocas cosas que queden por averiguar.
Y lo fundamental y más importante que se ha averiguado es que cualquier proceso de terraformación que intentemos llevar a cabo en cualquier planeta o luna del Sistema Solar tardará siglos y hasta milenios en completarse, así que ¿qué esperanza tenemos de que en el siglo que empieza podamos colonizar otros planetas?
Sinceramente, ninguna.
Lo más que podríamos conseguir en todo caso sería instalar bases más o menos permanentes, más o menos autosuficientes y más o menos seguras, pero en ningún caso más o menos agradables para vivir y formar una familia en ellas.
Existe otra opción en la que muy poca gente ha pensado, y es
construir Ciudades en el Espacio.
No, no en la superficie de un planeta o luna del sistema solar,
tampoco en el subsuelo, ni bajo los míticos mares de Venus ni a
las orillas de los canales marcianos.
En el Espacio, es decir, en órbita alrededor de la Tierra, o de
la Luna, o de Marte o Júpiter o cualquier planeta o luna del
sistema solar.
La idea no es de ahora, sino que se viene pensando en ella, cada vez con más seriedad, desde hace bastante tiempo. Hay varias instituciones públicas y privadas en los Estados Unidos que dedican gran atención a la colonización del espacio y en los últimos años algunas agencias espaciales están investigando en temas que facilitarían enormemente la construcción de ciudades en el espacio.
Lee el libro de Gerard K. O'Neill: Ciudades en el Espacio |
|
|