Para las ciudades, en cambio, no hay esa solución, las aglomeraciones urbanas impedirían el uso particular de esas fuentes energéticas, por lo que se tendrá que recurrir a grandes centrales fotovoltaicas y eólicas que suministren electricidad a la población.
Y estas centrales no pueden recurrir a fuentes alternativas si las condiciones climáticas se vuelven demasiado adversas, por lo que deben estar preparadas para los mayores rigores del invierno, y eso significa prever unos veinte metros cuadrados de paneles fotovoltaicos por familia.
Una ciudad de un millón de habitantes
tendrá unas trescientas mil familias por lo que necesitará
6.000.000 m², es decir seis Km²
Pero una ciudad también tiene tiendas, escaparates, oficinas,
semáforos, servicios que también consumen energía eléctrica.
Todo este consumo sería equivalente al de otras ciento cincuenta
mil familias (seguro
que es mucho más, pero seamos modestos)
así que aumentemos la superficie necesaria hasta nueve Km².
El total será una extensión cuadrada de tres kilómetros de
lado.
En el lugar donde coloquemos estos paneles el terreno quedará inutilizado. No solo inutilizado sino casi inhabitable, recordemos que apenas el 15% de la energía solar se convierte en electricidad, el resto se transforma en calor por lo que en esa zona se producirá tanto calor como si nos colocásemos en el foco donde se crucen los reflejos de varios espejos. (recordad que 287 años antes de Cristo, Arquímedes defendió la ciudad de Siracusa con una batería de espejos que concentraban la luz del Sol sobre las velas de las naves romanas hasta incendiarlas).
Tanto calor provocará un calentamiento del aire que al expandirse formará corrientes ascendentes atrayendo el viento superficial y el polvo desde varios kilómetros a la redonda, con lo que la limpieza de los paneles deberá ser constante.
Y no quiero terminar sin mencionar dos puntos importantes:
En fin, siendo realistas llegamos a la conclusión de que la fuente energética más limpia, la solar, no es tan limpia y ecológica como todos habíamos pensado al principio y, desde luego, resulta insuficiente para las necesidades de una civilización basada en la tecnología.