En los años en que Gerard K. O'Neill
comenzó sus investigaciones sobre la colonización del espacio,
tropezó con una dificultad que hacía todo el proyecto
completamente imposible, al menos con los conocimientos
científicos de la época.
La masa necesaria para construir una ciudad espacial de tamaño
medio era tan grande que harían falta mil cohetes diarios
durante varios años para que se hiciera realidad.
O'Neill no se arredró. Si no existe, invéntalo, pensó. Y de ahí surgió el invento que hace todo este proyecto posible.
Un acelerador de masas es una especie de cañón con el que se disparan paquetes de uno o dos kilos de peso, a razón de un paquete cada pocos segundos.
El disparo no se produce mediante pólvora ni ningún explosivo, sino mediante la activación y desactivación secuencial de varias bobinas electromagnéticas, con lo que el único consumo del cañón es la corriente eléctrica.
En suma, se trata de un conjunto de
electroimanes rodeando un tubo.
Por el tubo circula un pequeño cubo con capacidad para un par de
kilos de tierra metidos en un saco de fibra de vidrio.
El cubo está magnetizado, con lo que es atraído o repelido por
los anillos que rodean el cañón, según la posición y la
polaridad que se le imprima. Al activarse un imán por delante
del cubo, éste es atraído y empieza a moverse en dirección al
electroimán que se ha activado.
Al llegar allí, sin embargo, el electroimán que ha atraído al
cubo se apaga, encendiéndose otro más adelante: El cubo, que ya
se está moviendo a una cierta velocidad es acelerado.
Y al llegar a cada anillo imantado vuelve a ocurrir lo mismo, el
anillo se apaga y se enciende el siguiente con lo que el cubo va
cada vez más rápido.
Para aumentar la aceleración, cada vez que el cubo supera un
anillo éste se vuelve a encender ¡pero haciendo circular la corriente en dirección
contraria!.
En lugar de atraer al cubo, estos anillos lo repelerán, es decir
que mientras los anillos que hay por delante están tirando del
cubo, los que hay por detrás lo están empujando.
Dicho así no parece muy
emocionante, pero los cálculos que hizo O'Neill le
parecieron interesantes, lo suficiente como para ponerse
a la tarea de construir el primer acelerador de masas con
la ayuda de sus alumnos y un presupuesto de apenas tres
mil dólares.
Tras varios meses de trabajo tuvieron listo el prototipo,
colocaron el cubo en el acelerador, enchufaron la
corriente... ¡Y
el cubo desapareció!
Había salido disparado tan rápido que ni
una cámara de alta velocidad de la época habría podido captar
el movimiento.
Tras calcular la velocidad que el cubo había conseguido
descubrieron que éste había acelerado a treinta y tres Ges.
Posteriormente, se construyeron otros dos aceleradores aumentando la inversión económica, la potencia de los electroimanes y aplicando varios avances técnicos que elevaron el récord a 500 y 1.800 Ges respectivamente.
Si no fuera por eso, todo el concepto de las Ciudades en el Espacio sería algo muy bonito que quizás, algún día, quién sabe, tal vez... en fin, pura ciencia ficción.
Pero gracias a los aceleradores de masas la construcción de Ciudades en el Espacio es algo que está al alcance de nuestra tecnología.
Este medio no permitirá transportar
personas ni objetos delicados ya que hablamos de aceleraciones de
unas 2.000 Ges que aplastarían a cualquier persona o mecanismo
complejo que fuera sometido a esa aceleración.
Tampoco permitiría enviar grandes masas, sino cantidades de uno
o dos kilogramos como máximo aunque con la ventaja de que se
pueden realizar varios envíos por minuto, veinticuatro horas al
día, con lo que al final se supera con creces la capacidad de
carga de los medios de transporte actuales.
Otro inconveniente es que la velocidad de la carga al salir del
cañón es tan alta (11 Km/s si lo construyésemos en la Tierra) que provocaría un tremendo impacto sónico, aparte
de que la fricción de la atmósfera desviaría la carga en
direcciones imprevisibles.
Pero si se construyese un acelerador de masas en la superficie de
la Luna (todo
lo necesario cabría en una sola lanzadera), la velocidad de lanzamiento sería de sólo 2,4
Km/s, la longitud del acelerador de 350 m (160 para acelerar y el resto para
frenar la cápsula de disparo), no habría atmósfera
que pudiese desviar la trayectoria por lo que todas las cargas
podrían ser recogidas en el mismo punto del espacio, con una
diferencia de pocos metros entre un paquete y el siguiente.
Por sus propias limitaciones, este sistema sólo se podría usar en la superficie de la Luna, con el fin de enviar material lunar no elaborado a un punto del espacio donde se procesaría para conseguir material más elaborado.