Tras esta primera fase hemos conseguido una
infraestructura espacial capaz de mantener un grupo de
trabajadores que realicen diversas tareas en el espacio.
También hemos construido un satélite solar de unos diez mil
metros cuadrados que producirá dos megavatios de potencia.
Parte de esta energía se usará en Alfa, el resto será enviado
a la Tierra o allá donde se necesite.
A pesar de todo, la energía producida sigue siendo cara ya que se basa en el lanzamiento desde la Tierra de todo lo que haya que construir, y si tenemos en cuenta el coste de lanzamiento (miles de dólares por cada kilo de masa), poner en órbita este pequeño satélite solar ha resultado extremadamente caro. De hecho, si tuviéramos que recuperar la inversión realizada tendríamos que pagar mil veces más de lo que actualmente nos cuesta el kWh en la factura de la luz.
Entonces ¿para qué hemos hecho esto?.
¿Por qué nos hemos tomado la molestia y nos hemos gastado tanto
dinero para conseguir una cosa que ya tenemos muchísimo más barata en la
Tierra?.
Porque en realidad no pretendíamos construir satélites solares, esto no ha sido más que un subproducto de lo que realmente pretendíamos. Los satélites solares serán la solución para los problemas energéticos de la Tierra, pero tan solo cuatro o cinco años más tarde vamos a poder construirlos más grandes y más rápido a un coste mil veces menor.
Pero gracias a ellos ahora tenemos un equipo de trabajadores experimentados en realizar duras tareas en el espacio, un equipo del que se extraerán los capataces de las siguientes tandas de trabajadores que se envíen al espacio.
También tenemos un puerto espacial y un hábitat con capacidad para alojar un centenar de personas y fácilmente ampliable. Y gracias a este hábitat, los trabajadores de Alfa podrán pasar la mayor parte de su tiempo en un ambiente que simularía la gravedad terrestre con lo que se librarán de casi todos los efectos perniciosos de la ingravidez.
Y por último, pero no menos importante, habremos construido varias estructuras en el espacio, cada vez más complejas, y nos habremos enfrentado con problemas que sólo habíamos imaginado en el papel y otros que ni siquiera habíamos imaginado.
Ahora ya no trabajaremos sobre cálculos, hipótesis y posibilidades, sino sobre la sólida realidad de los pernos, tuercas y soldaduras.
El futuro ya no es un sueño, es una realidad.