Un Colector de Masas es una plataforma con
forma de embudo de unos doscientos metros de diámetro.
En la punta del embudo puede acoplarse un cohete iónico que lo
trasladará al punto de Lagrange Interior del sistema
Tierra-Luna. En ese punto existe una cierta estabilidad espacial
que hace que los objetos que se aparquen a una determinada
velocidad y dirección permanezcan siempre estables con respecto
a la Tierra y a la Luna, por lo que permanecerían allí
permanentemente.
De hecho, el emplazamiento del acelerador de masas se ha decidido en la cara opuesta de la Luna por dos razones que pronto se verán.
Todos los sacos de material
enviados seguirán exactamente la misma trayectoria
perdiendo velocidad durante su trayecto. Ese trayecto
recorrerá una elipse en la que el perihelio, o punto
más cercano a la superficie lunar, coincidirá con el
emplazamiento desde donde fue lanzado, el acelerador de
masas. La velocidad de lanzamiento de la carga se
calculará para que el afelio, o punto más alejado, se
situe a pocos kilómetros del punto de Lagrange Interior.
Conforme los paquetes se alejan de la Luna van perdiendo
velocidad hasta alcanzar el mínimo al llegar al afelio.
Allí es donde se debe colocar el colector de masas para
interceptar el camino de todos los paquetes.
Este plan, no obstante, tiene dos defectos. El primero es
que si el colector no llega a atrapar un paquete éste
seguirá su trayectoria orbital para volver a pasar por
el mismo punto desde el que fue lanzado. Para entonces
habrán pasado varias horas y la Luna habrá girado
ligeramente por lo que no existe el peligro de que la
carga pueda chocar con la parte posterior del acelerador
de masas. Sería una gracia.
Lo que sí podría ocurrir sería que el
paquete volviera a pasar a un par de metros de la superficie
lunar para volver a repetir la misma trayectoria una y otra vez
hasta que en uno de sus perihelios chocara con alguna elevación
del terreno lunar.
El peligro para la navegación espacial sería inaceptable.
Para evitarlo el acelerador de
masas deberá estar inclinado ligeramente hacia arriba,
con lo que la órbita intersectaría la superficie lunar.
Los paquetes serán capturados en el afelio de la
órbita, exactamente igual que en el caso anterior, pero
el perihelio estaría situado bajo la superficie lunar,
con lo que nos aseguramos de que si un paquete no es
capturado por el colector chocará con un punto de la
superficie lunar, siempre el mismo, sin poner en peligro
las vidas de los astronautas y trabajadores del espacio.
Bastaría que un extremo del acelerador esté tres metros
más alto que el opuesto para que el choque de los
paquetes contra la superficie lunar se realice a más de
dos mil kilómetros de la base.
Lógicamente, como nos interesa que la trayectoria siga pasando por el mismo sitio que calculamos antes, debe ser el emplazamiento del acelerador el que debemos volver a calcular para conseguirlo.
Como vemos, la Base Lunar está situada en el extremo opuesto del colector, y nunca llegarían a verse. No obstante hay dos situaciones posibles para el Colector: Los puntos de Lagrange Interior y Exterior.
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Los puntos de Lagrange del sistema Tierra-Luna son
aquellos puntos en los que un objeto en órbita
permanecería aparentemente inmóvil con relación a
ambos cuerpos.
Hay cinco puntos de esas características en todos los
sistemas binarios y los más adecuados para emplazar un
colector serían L1 o L2.
Al estar L2 al otro lado de la Luna, protegido por ésta
de las radiaciones electromagnéticas emitidas por la
Tierra, tal vez sería el lugar más conveniente para
emplazar un radiotelescopio espacial para el estudio del
cosmos.
Eso nos deja L1 como alternativa al emplazamiento del
Colector de Masas.
Para que la trayectoria de los sacos pase por el punto de Lagrange Interior del sistema Tierra-Luna, la Base Lunar deberá situarse cerca del extremo opuesto de la Luna.
| Otro motivo para ese
emplazamiento es el estético. Al estar la Base Lunar en la cara oculta de la Luna nunca llegaríamos a ver las excavaciones que se realizen en su superficie. Cierto que pasarán un par de siglos antes de que la excavación llegara a ser visible, pero al menos no estropearemos con barrillos la cara que nos ha intrigado e iluminado las noches desde el origen de la Humanidad. |
Así pues, el colector de masas, conducido por un cohete iónico que se ha acoplado en su extremo, se coloca en el camino de los paquetes.
Durante dos semanas éstos van entrando por la boca del embudo. Como éste está girando alrededor de su eje, los paquetes, después de chocar en el interior, permanecen pegados a las paredes donde poco a poco se van acumulando más y más paquetes. El choque impulsaría al colector hacia atrás así que para evitarlo los motores iónicos están en funcionamiento contrarrestando el empuje de los paquetes que llegan.
Al terminar el día en la base lunar,
catorce días terrestres, la tripulación aparca la excavadora,
apaga la luz, echa la llave a la puerta y toma el módulo lunar
para volver a Alfa.
El colector de masas, cargado con un cuarto de millón de
paquetes que pesan medio millón de kilos (pesarían en la
Tierra) y ocupan el volumen de media cabina de carga de la
lanzadera, aumenta la potencia de sus motores iónicos para
dirigirse también a Alfa. Al ser una masa tan grande tardará
varias semanas en llegar, no importa, no hay nadie tripulándolo
así que nadie se va a aburrir.