En la superficie de la Luna se ha de
construir un acelerador de masas que permita lanzar material
lunar al espacio.
Todos los componentes del acelerador cabrían en una sola
lanzadera. En Alfa se transferirían a un módulo lunar que lo
haría descender cerca de la base lunar. Una vez allí apenas
harían falta unas pocas semanas para ponerlo en funcionamiento.
En el inicio del acelerador se instala una tolva que mantendremos siempre llena de tierra extraída del suelo lunar, sin más manipulación que pasarla por un cedazo para que no haya rocas demasiado grandes.
Una empaquetadora automática (como las que hacen los
paquetes de arroz, por ejemplo) va
dosificando la arena de la tolva y empaquetándola en cartuchos
de fibra de vidrio de forma más o menos cónica.
El cartucho se introduce en un cubo cuyo interior también tiene
forma cónica.
Las paredes del cubo forman una bobina que lo convierten en un
potente electroimán. Al embocar el cañón electromagnético,
los anillos comienzan a activarse en secuencia acelerando el
cubo.
La aceleración es tan grande que la inercia aplasta el polvo
lunar contra el fondo del cubo, haciendo que quede apelmazado y
garantizando que el paquete no se abra por el camino.
Al llegar a los 2.400 metros por segundo, las bobinas del
acelerador empiezan a funcionar a la inversa, actuando ahora como
un freno.
El cubo es frenado. El frenazo es tan brusco que el paquete de
tierra que lleva en su interior sale disparado hacia adelante.
Como el paquete de tierra no es afectado por los campos
magnéticos, sale por el extremo del cañón a velocidad casi de
escape.
El cubo, libre de la carga que llevaba, necesita menos metros
para frenar, y al detenerse por completo es desviado hacia una
cinta continua que devolverá el cubo a su punto de origen.
Suponiendo cargas de dos kilos y un disparo cada cinco segundos, en un minuto se habrán lanzado veinticuatro kilos, 1.400 Kg por hora, 34.560 Kg al día.
En un solo día se habrá enviado al espacio mucha más masa que la que es capaz de elevar una lanzadera desde la Tierra y a un coste mucho menor.
En quince días se habrán lanzado más de medio millón de kilogramos, más de lo que va a pesar la Estación Espacial Internacional.
En una primera fase del proyecto, el acelerador de masas solo funcionaría durante un día lunar, es decir unas dos semanas, después se abandonaría la base. Mientras la capacidad de procesado del material lunar en el espacio sea tan baja como será al principio, tardaremos varios meses en gastar ese medio millón de kilogramos de tierra lunar.
Conforme vaya avanzando nuestro proyecto, cada vez serán necesarios viajes más frecuentes a la Luna, hasta que por fin se realicen misiones continuas en las que el acelerador de masas no descansaría ni aún durante la larga noche lunar.