Acelerador de Masas

En la superficie de la Luna se ha de construir un acelerador de masas que permita lanzar material lunar al espacio.
Todos los componentes del acelerador cabrían en una sola lanzadera. En Alfa se transferirían a un módulo lunar que lo haría descender cerca de la base lunar. Una vez allí apenas harían falta unas pocas semanas para ponerlo en funcionamiento.

Acelerador de masas situado en la superficie de la Luna. El dibujo se hizo poco después de que O'Neill construyese el primer acelerador, por lo que, contando con una aceleración de 33 Gs se dibujó una rampa de lanzamiento de varios kilómetros. En un diseño más actual, la rampa podría medir menos de 500 metros
A 1800 Gs, que es la aceleración conseguida en el tercer prototipo de O'Neill, solo harían falta 160 metros para alcanzar la velocidad de escape lunar

En el inicio del acelerador se instala una tolva que mantendremos siempre llena de tierra extraída del suelo lunar, sin más manipulación que pasarla por un cedazo para que no haya rocas demasiado grandes.

Una empaquetadora automática (como las que hacen los paquetes de arroz, por ejemplo) va dosificando la arena de la tolva y empaquetándola en cartuchos de fibra de vidrio de forma más o menos cónica.
El cartucho se introduce en un cubo cuyo interior también tiene forma cónica.
Las paredes del cubo forman una bobina que lo convierten en un potente electroimán. Al embocar el cañón electromagnético, los anillos comienzan a activarse en secuencia acelerando el cubo.
La aceleración es tan grande que la inercia aplasta el polvo lunar contra el fondo del cubo, haciendo que quede apelmazado y garantizando que el paquete no se abra por el camino.
Al llegar a los 2.400 metros por segundo, las bobinas del acelerador empiezan a funcionar a la inversa, actuando ahora como un freno.
El cubo es frenado. El frenazo es tan brusco que el paquete de tierra que lleva en su interior sale disparado hacia adelante.
Como el paquete de tierra no es afectado por los campos magnéticos, sale por el extremo del cañón a velocidad casi de escape.
El cubo, libre de la carga que llevaba, necesita menos metros para frenar, y al detenerse por completo es desviado hacia una cinta continua que devolverá el cubo a su punto de origen.

Suponiendo cargas de dos kilos y un disparo cada cinco segundos, en un minuto se habrán lanzado veinticuatro kilos, 1.400 Kg por hora, 34.560 Kg al día.

En un solo día se habrá enviado al espacio mucha más masa que la que es capaz de elevar una lanzadera desde la Tierra y a un coste mucho menor.

En quince días se habrán lanzado más de medio millón de kilogramos, más de lo que va a pesar la Estación Espacial Internacional.

En una primera fase del proyecto, el acelerador de masas solo funcionaría durante un día lunar, es decir unas dos semanas, después se abandonaría la base. Mientras la capacidad de procesado del material lunar en el espacio sea tan baja como será al principio, tardaremos varios meses en gastar ese medio millón de kilogramos de tierra lunar.

Conforme vaya avanzando nuestro proyecto, cada vez serán necesarios viajes más frecuentes a la Luna, hasta que por fin se realicen misiones continuas en las que el acelerador de masas no descansaría ni aún durante la larga noche lunar.