Cuando existan ciudades espaciales, la vida de los astronautas sufrirá un cambio tan radical que dentro de mil años nadie creerá todo lo que los astronautas actuales tienen que padecer.
El primer cambio se producirá ya en el
entrenamiento que actualmente se imparte a los tripulantes de
todas las misiones espaciales, sean astronautas o tripulación
científica.
Tengamos en cuenta que actualmente no existe ningún tripulante
que sea sólo astronauta, para ahorrar espacio la NASA mete
siempre en un mismo traje un científico y un astronauta pero
cuando existan ciudades en el espacio, el entrenamiento que
reciba un científico será mucho menor.
Los astronautas serán entonces lo que su nombre indica, navegantes espaciales, con una profesión que los equipararía a conductores de autobús o camioneros espaciales (lamento quitarle el romanticismo, pero así será).
Las demás personas que subirían al
espacio serían las que van a residir en una ciudad espacial
durante uno o más años y probablemente subirían con su
familia.
En su afán por ahorrar espacio, la NASA
seleccionará matrimonios en los que ambos cónyuges sean
profesionales que puedan aportar su trabajo a la comunidad, pero
no exigirá lo mismo de los hijos.
Espero
Una vez en la ciudad espacial, se les alojará en una vivienda que puede ser desde un par de dormitorios y aseo, con cocinas y comedores comunes, hasta una casa unifamiliar con todos los servicios en una parcela de seiscientos metros cuadrados a orillas del río y al pie de una boscosa montaña. (No es broma, seguid leyendo y lo veréis)
Ya que la fuerza centrífuga simula una gravedad normal, todas las actividades normales como beber un vaso de agua, ducharse, lavar la ropa, comer, orinar, hasta darse un chapuzón en la piscina, se pueden realizar de la misma forma y con la misma facilidad que en la Tierra.
Podemos tumbarnos en el sofá sintiendo cómo nuestro cuerpo se hunde en los cojines, sopesar un libro antes de decidirnos a leerlo, observar como se balancea el péndulo del reloj, ... En fin, cualquiera de esas cosas que son imposibles en la ingravidez y que tanto echaríamos de menos si nos faltasen.
Pero no todo sería igual que en la Tierra. Por su propia naturaleza las ciudades en el espacio nos darían oportunidades que nunca hubiéramos podido imaginar, algunas de ellas tan sorprendentes y deliciosas que a muchos que las probasen se les pasarían las ganas de volver algún día a la Tierra.
Como ejemplo, en los alrededores del polo
sur de la estación Libertad he diseñado una especie de zona
recreativa en donde la mayor parte de las instalaciones
aprovechan la falta de gravedad.
He aquí algunas ofertas de ocio que se podrían encontrar en la
Estación Libertad allá por el año 2130.
Algunos de estos anuncios jamás aparecerían en una Guía del Ocio de una ciudad espacial, por supuesto, por muy "Libertad" que se llamase. De todas formas, por cada actividad que se pudiera realizar en Libertad y que a mí se me haya ocurrido, seguro que otras personas imaginarían cien actividades más.