Según la utilidad que queramos darle a las distintas construcciones, así deberemos elegir la forma y el tamaño de las mismas.
Un hábitat destinado a la producción agrícola necesita abundante luz natural, humedad
atmosférica y períodos adecuados de noche y día, así como una
temperatura controlada.
En su interior deberán trabajar máquinas automáticas,
sembradoras y cosechadoras, por lo que interesa que el terreno de
cultivo no tenga pendientes, así que lo ideal parece ser usar
hábitats con forma cilíndrica.
Un cilindro de cien metros de radio y cien de longitud nos proporcionaría seis hectáreas de terreno de cultivo, mucho más de lo necesario para alimentar a 300 personas.
| Asumo que
una hectárea de terreno de huerta puede alimentar a 50
personas, aunque si un agricultor tuviese una cosecha tan
pobre acabaría tirándose de los pelos. Lo habitual sería entre ochenta y ciento cincuenta personas por hectárea, según las técnicas de cultivo utilizadas y el tipo de plantación. |
Aunque al principio haya mucha menos gente en el espacio, será conveniente que la primera granja espacial tenga ese tamaño con el fin de estudiar y experimentar los efectos de la rotación (tres revoluciones por minuto) y los rayos cósmicos a cuyo bombardeo estarán sometidas las primeras granjas.
Conforme la población del espacio vaya aumentando, se construirán más granjas del mismo tamaño consiguiendo una ventaja adicional, la de que cada granja espacial podrá estar sometida a diferentes ciclos de cultivo controlando la luz, la temperatura, la duración del día y de la noche, el grado de humedad y hasta la fuerza de pseudogravedad para dar a cada tipo de cultivo el ambiente en el que mejor se desarrolle.
Una construcción dedicada a la industria metalúrgica podrá aprovecharse de dos ventajas: Un vacío casi perfecto, muy difícil de conseguir en la Tierra, y un estado de ingravidez, totalmente imposible en la Tierra.
El vacío será muy útil en la fundición de minerales y en la fabricación de células fotovoltaicas o circuitos integrados. La ingravidez también será muy útil para manejar grandes masas con facilidad, pero sería un inconveniente en según qué tipo de trabajos. Para satisfacer las necesidades industriales del espacio propongo la construcción de una estación en forma de torre. En las dependencias cercanas al centro de la torre, cerca del eje de rotación, la fuerza centrífuga será muy escasa por lo que se podrán manejar grandes masas sin problemas. Conforme nos alejemos del eje, la fuerza centrífuga será cada vez mayor, hasta llegar a un tercio o un medio de la gravedad terrestre. Según el trabajo que se haya de realizar se elegirá una zona donde la fuerza de gravedad sea de la intensidad que deseemos.
Un observatorio astronómico espacial necesita estar completamente inmóvil para apuntar
a las estrellas, sin vibraciones de ningún tipo y con un entorno
libre de radiaciones electromagnéticas.
Será conveniente elegir un lugar alejado
de toda perturbación y en ese sentido el lugar ideal sería el
punto de Lagrange Externo del sistema Tierra-Luna. Al no
necesitar rotación, no necesita tener una forma determinada y
para evitar cualquier vibración lo mejor será que permanezca
deshabitado, controlando sus telescopios desde un hábitat más o
menos lejano transmitiendo las órdenes mediante rayos láser para
evitar interferencias electromagnéticas.
De hecho, el lugar ya construido más cercano sería la base lunar situada justo
bajo ella, donde se encuentra el Acelerador de Masas, por lo que en principio la
base de control del telescopio podría estar allí.
Las únicas partes móviles del
observatorio serán los mecanismos de enfoque de las lentes y los
giróscopos que controlarán la dirección a donde se apunte.
Los laboratorios de investigación espacial, que sin duda serán muy solicitados por millares de científicos terrestres, se diseñarán casi a la medida, ya que cada experimento requerirá unas condiciones muy determinadas para llevarse a cabo. Los laboratorios que requieran ingravidez se situarán alrededor de una torre espacial cuyo extremo se comunique con el hábitat sin necesidad de que los científicos deban usar trajes espaciales para sus desplazamientos entre los laboratorios y su alojamiento.
Y llegamos a las ciudades espaciales. El diseño de éstas debe ser tal que la gente en su interior esté tan cómoda como en la Tierra, y eso requiere una fuerza pseudogravitatoria similar, un clima agradable, alimentación sana, ambiente acogedor que invite a las relaciones sociales y amplias zonas de esparcimiento y deporte.
Y las formas que mejor se adaptan a estos requerimientos son la esfera y el cilindro, por lo que seguramente así serán las primeras ciudades espaciales.