El Origen del Universo

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El Origen del Universo

La Creación del Espacio

Hace 13.700 Millones de años se produjo un acontecimiento que dio origen a nuestro universo y a todo lo que conocemos.

La naturaleza de ese acontecimiento es algo que aún ignoramos, lo mismo que lo que pudiera existir o suceder antes de ese momento, pero todo cuanto ocurrió después es algo de lo que la ciencia cada vez sabe más cosas.

Fue un acontecimiento indescriptible, casi inimaginable, toda la energía del universo concentrada en un punto millones de veces más pequeño que la cabeza de un alfiler.

Y no es que pudiera verse desde fuera: ¡No había “fuera”!

Nuestro universo tenía el tamaño de una partícula, pero era TODO lo que existía. No había ningún punto fuera del universo desde el cual pudiéramos mirar.

Fuera del universo no existía ni siquiera el espacio.

Y sin embargo, la mayoría de los científicos y físicos que estudian la estructura del espacio y la composición íntima de la materia, insisten en subrayar que nuestro espacio tiene nueve o diez dimensiones, no las únicas tres que nosotros percibimos.

A quien le cueste trabajo imaginar tal cosa, yo le sugiero el ejemplo de una onda.

Imaginad un extenso lago de aguas cristalinas bajo un tranquilo cielo primaveral y rodeado de un hermoso paisaje.

Desde la orilla, un niño arroja una piedra que cae en el centro del lago y desde allí nace una onda que se aleja en un círculo perfecto hacia las orillas del lago.

Un momento antes del choque, la onda no existe. La superficie del lago está completamente lisa, pero hacia ella se dirige una piedra con una cierta cantidad de energía.

En el momento del choque se produce una situación caótica, la piedra rompe la superficie del agua provocando diversas salpicaduras. La resistencia del agua frena la piedra y una parte importante de la energía cinética de la piedra se transfiere al agua, en el punto en el que han chocado.

Una vez que la piedra ya ha atravesado la superficie, toda la energía transferida desde la piedra actúa de forma caótica, pero en cuestión de milésimas de segundo las fuerzas de choque entre las moléculas de agua se alinean, entran en fase y actúan de forma coordinada con sus moléculas vecinas.

El resultado es que se forma una onda circular, y esta onda va creciendo y alejándose del punto del choque.

Conforme la onda avanza y se aleja del centro, también se hace más grande, calculándose su tamaño por la fórmula de la circunferencia, 2 · PI · r.

La energía contenida en toda la onda es constante, y al hacerse más grande la densidad de energía por cada centímetro de onda es menor.

Y si unos mosquitos están haciendo surf en la onda, conforme crece, cada uno de ellos vería cómo los demás se alejan de él, y los más lejanos se alejan más rápido que los más cercanos. Pero es una impresión equivocada. En realidad, todos los surfistas podrían estar detenidos en la onda, sin desplazarse a derecha ni izquierda, pero la distancia entre ellos aumentará conforme la onda se haga más grande.

Un surfista puede desplazarse a derecha y a izquierda dentro de la onda, pero no puede superar una cierta velocidad límite, si lo hace se saldrá de la ola y nunca podrá volver a ella. Y como la velocidad límite depende de la altura de la ola, eso significa que conforme pase el tiempo, conforme la ola se extienda y tenga menos altura, menos energía por centímetro, la velocidad límite será cada vez menor.

Pues bien, nuestro universo tiene exactamente todas esas mismas características, pero en vez de tener una sola dimensión tiene tres. Y en vez de producirse sobre una superficie de dos dimensiones, la onda que es nuestro universo avanza sobre un espacio (hipersuperficie o membrana) de cuatro dimensiones.

Todo empezó como una perturbación en una membrana de cuatro dimensiones. Esa perturbación dejó una cierta cantidad de energía que actuó de forma caótica durante breves instantes para luego convertirse en una onda de tres dimensiones que avanza, alejándose de su centro, por una superficie de cuatro dimensiones.

Es decir, nuestro universo tiene tres dimensiones, y se expande, pero no se expande a través de ninguna de esas tres dimensiones en las que vivimos, sino que lo hace a través de una dimensión que nosotros no podemos ver. Igual que, si el universo fuera plano, de dos dimensiones, un ser de dos dimensiones no sería capaz de señalar, ni siquiera percibir por ninguno de sus sentidos, la tercera dimensión.

Consecuencias físicas.

Nuestro universo, tal como si fuera una onda, se ha alejado durante 13.700 MM de años desde su centro, un centro situado en una cuarta dimensión, en una dirección que nosotros, seres tridimensionales, no podemos ver ni señalar. Si la velocidad a la que el universo se expande a través de esa dimensión fuese la misma velocidad de la luz, el tamaño actual del universo será (2 · PI · r) de unos 86.000 MM de años luz.

Expansión GalácticaLa forma en que nuestro universo se expande tiene una consecuencia inmediata, y es que la distancia entre dos puntos cualesquiera de la onda aumenta de forma constante, aún estando inmóviles cada uno en su lugar respectivo. Y aumenta más rápido mientras más alejados están entre sí.

Desde cualquier punto del universo tendremos la impresión de que las galaxias lejanas se alejan de nosotros, y cuanto más lejos están más rápido se alejan, pero es una sensación errónea. Dos galaxias pueden estar detenidas en el espacio y, a pesar de estar detenidas, la distancia entre ellas estará aumentando. Y puede llegar un punto en que una galaxia lo bastante lejana a nosotros, aún estando detenida en el espacio, parecerá alejarse a una velocidad superior a la de la luz. Y, aún así, su luz, tarde o temprano, llegará hasta nosotros.

Con otra salvedad, que como la cantidad de energía de la onda es cada vez menor, la velocidad de la luz disminuye con la edad del universo, de forma muy leve, tanto que en miles de años apenas notaremos una minúscula diferencia, pero sí lo suficiente para que al ver hoy la luz emitida por galaxias muy lejanas y antiguas, tan antiguas que en aquella época la velocidad de la luz era sensiblemente superior a la actual, tengamos la errónea impresión de que las galaxias más lejanas parecen estar acelerándose, cuando en realidad la velocidad a la que crece la distancia entre dos galaxias determinadas será siempre constante.

Y, por último, la trayectoria que sigue la luz desde una galaxia lejana hasta nosotros es una línea recta dentro de las tres dimensiones que componen el espacio en que vivimos, pero es una línea curva en el espacio tetradimensional por el que viajamos. Tal como una línea recta dibujada sobre la superficie terrestre es recta en las dos dimensiones de la superficie planetaria pero está curvada alrededor de un punto, el centro del planeta, situado fuera de la superficie planetaria, en una dirección que, si existieran seres bidimensionales viviendo en la superficie del planeta, ellos no serían capaces de mirar, señalar con sus dedos, ni siquiera comprender, tal como nosotros, seres tridimensionales, no podemos mirar, señalar o imaginar una dirección situada en una cuarta dimensión.

Trayectoria Espiral de la Luz GalácticaY aún más, como nuestro universo se está expandiendo, la curva seguida por la luz emitida desde una galaxia sigue una trayectoria que tampoco es circular, sino una espiral logarítmica, una espiral que se va haciendo más y más grande conforme se expande el universo. Así, la distancia recorrida por la luz desde una galaxia lejana hasta nosotros es un segmento de espiral logarítmica, que siempre es más largo que la curva circular de origen, por lo que la aplicación de los cálculos de distancias de galaxias lejanas nos pueden dar la impresión de que el universo se expande cada vez más rápido. Tal como ya se ha dicho antes, en el caso de la disminución de la velocidad de la luz, esa también es una impresión errónea, pero mientras no entendamos realmente cuál es la naturaleza exacta del universo, todos los cálculos que hagamos sobre su edad y tamaño estarán sesgados erróneamente.

Es más, siendo la trayectoria de los rayos de luz una espiral logarítmica, eso significa que la luz procedente de galaxias situadas en el extremo opuesto de nuestro universo tarde o temprano llegará hasta nosotros, aún cuando la distancia entre esas galaxias y nosotros esté aumentando mucho más rápido que la velocidad de la luz. Cuando nuestros telescopios tengan la capacidad de observar esas galaxias, su luz tendrá un desplazamiento tal que nos parecerá que se están alejando de nosotros mucho más rápido que la velocidad de la luz, a pesar de lo cual su luz habrá llegado hasta nosotros en un plazo perfectamente previsible de tiempo.

Si esta imagen del universo se confirma, muchos de los cálculos realizados tendrán que rehacerse, posiblemente la edad del universo sea de algo menos de la estimada hasta ahora, también su tamaño, y la velocidad de la luz sería muchísimo más grande en los primeros segundos desde el Big Bang, aunque su velocidad disminuya de forma inversamente exponencial, por lo que en la actualidad disminuye con tanta lentitud que las pequeñas discrepancias que hayamos detectado han podido ser confundidas con errores de los instrumentos de medida.

Asímismo, la distancia a las galaxias más lejanas deberán recalcularse teniendo en cuenta que la luz ha seguido una trayectoria no recta ni circular, sino de espiral logarítmica, lo que nos permitirá corregir la opinión ampliamente extendida de que la expansión del universo se está acelerando.

ESO es el Universo. Mejor dicho, Nuestro Universo. Un espacio de tres dimensiones que se expande como una onda a través de una “superficie” de cuatro dimensiones, y su interacción con las otras dimensiones del espacio son las que generan las fuerzas gravitatorias, electromagnéticas y nucleares que ponen orden en el caos cuántico del universo.

El Universo de Plasma.

En los primeros instantes de la creación del universo, la cantidad de energía existente era tan grande y el tamaño del universo tan pequeño que ninguna estructura de partículas era capaz de permanecer estable. No ya moléculas, tampoco átomos, ni siquiera protones. Lo máximo que podía llegar a existir eran partículas elementales, como quarks y electrones viajando, agitándose y chocando unos con otros en medio del caos y a unas temperaturas inimaginables.

Muchas de esas partículas eran fotones, pero estos no podían avanzar ni siquiera el ancho de un átomo antes de chocar con otras partículas. El universo era opaco, y lo seguiría siendo aún por unos 300.000 años.

Conforme el universo iba aumentando de tamaño, toda su energía se fue repartiendo, bajando la temperatura y permitiendo que algunas partículas pudieran permanecer estables en determinadas configuraciones. Se crearon los primeros protones y neutrones, y muchas de las demás partículas elementales, pero la cantidad de energía aún era demasiado grande como para permitir que se formasen núcleos atómicos o que, simplemente, los electrones permaneciesen sujetos por las fuerzas electromagnéticas a los protones que se habían creado.

Quarks, protones, neutrones, electrones, todos ellos agitados por una impresionante cantidad de energía, sometidos a temperaturas de billones de grados, chocando continuamente unas partículas con otras mientras el universo se seguía expandiendo y enfriando.

La Creación de los Átomos.

Cuando la temperatura descendió lo suficiente, los electrones fueron capaces de permanecer sujetos a los protones que se habían formado, formándose así los primeros átomos del universo. Aún pasarían 300.000 años antes de que los fotones fueran capaces de atravesar el espacio sin chocar de forma inevitable con otras partículas.

El universo, de repente, se hizo transparente, y toda la materia del universo, sometida a temperaturas de millones de grados, emitía radiaciones de calor y luz visible que enceguecerían a cualquier ser vivo que lo hubiera contemplado, si es que hubiera sido posible la existencia de seres inteligentes en un momento tan temprano del universo.

En ese momento el universo medía algo menos de dos millones de años luz, unas veinte veces el tamaño de nuestra galaxia, un tamaño que a nosotros nos parece enorme pero que aún es cuarenta mil veces más pequeño que el tamaño actual del universo.

El Universo de Hidrógeno.

Se formaron los primeros átomos, formados por un electrón alrededor de un protón, dando lugar al primer elemento de la tabla periódica, el más simple: El Hidrógeno.

También había muchos neutrones, y éstos chocaban con los núcleos de hidrógeno y, en ocasiones se fundían con ellos, formando átomos de deuterio, con un protón, un neutrón y un electrón.

Como las propiedades físicas y químicas de los átomos las dan sus electrones, un átomo de deuterio tenía las mismas propiedades físicas y químicas que el hidrógeno, con la única diferencia de pesar el doble.

Durante todo el proceso de formación de los átomos, en ocasiones chocaron dos átomos de deuterio, y entonces podía formarse el siguiente elemento de la tabla, el helio, pero en un universo que se iba expandiendo y enfriando con rapidez esto ocurrió pocas veces (relativamente hablando) y cada vez con menos frecuencia.

Unos pocos millones de años más tarde, el universo contenía una ingente cantidad de átomos de hidrógeno, y unos pocos, menos del uno por mil, de átomos de helio, con una cantidad prácticamente despreciable de algunos de los siguientes elementos de la tabla periódica.

El universo era una nube de gas hidrógeno, cada vez más grande y más fría, iluminada tan solo por la radiación de calor del espacio que, conforme disminuía la temperatura se veía cada vez más inmersa en una creciente oscuridad.

Los Primeros Planetas Gaseosos.

Sometidas a una cierta temperatura, las moléculas de hidrógeno vibran y se agitan, chocando con moléculas vecinas, y eso hace que tiendan a separarse. Pero cuando la temperatura baja lo suficiente y la separación entre las moléculas es lo bastante grande, la tendencia a chocar y separarse desaparece, y entonces los átomos quedan sometidos a la fuerza de la gravedad.

Cada partícula del universo tiende a deformar el espacio en su entorno. Esa deformación afecta, no solo a las tres dimensiones de nuestro universo visible, sino a todas las demás dimensiones, cada una de ellas con una intensidad y con unas características diferentes. Y cuando una partícula deforma el espacio en su entorno, otras partículas que estén en ese entorno se encuentran en un espacio ligeramente inclinado y tienden a ‘caer’ en la dirección en la que esa dimensión esté más inclinada.

Por sus características, cada dimensión es deformada de una forma diferente, y una de esas deformaciones es la que genera la fuerza gravitatoria que hace que todos los cuerpos se atraigan entre sí.

La fuerza de gravedad ejerce una fuerza muy pequeña entre cada partícula del universo y todas las demás. Cuando una nube de gas es lo bastante densa, la fuerza de repulsión entre los átomos es más fuerte que la fuerza gravitatoria, pero conforme el universo seguía expandiéndose, al llegar a un determinado tamaño, los átomos de hidrógeno empezaron a sufrir la atracción del resto de materia del universo.

Cada átomo de hidrógeno se sintió atraído por todos los demás átomos del universo, y cuando había más átomos por un lado que por el otro, cada átomo comenzó a caer en dirección a las zonas más densas del espacio.

Si un átomo está en medio del espacio y a su alrededor hay materia esparcida y hay la misma cantidad de materia en todas las direcciones, todas las fuerzas de atracción que experimente el átomo se compensarán las unas con las otras y el átomo no sufrirá ninguna fuerza en ninguna dirección.

Pero la materia en el universo no está repartida de forma perfectamente simétrica, sino que hay irregularidades, zonas en las que hay una mayor densidad de átomos.

En el centro de esas zonas, los átomos no son empujados en ninguna dirección. En el centro de las zonas menos densas, tampoco. Pero en los bordes entre ellas, allí donde un átomo tenga una zona densa a la izquierda y una más ligera a la derecha, los átomos tendrán tendencia a caer hacia las zonas más densas.

Los átomos de hidrógeno empezaron a caer hacia las zonas más densas, mientras que las menos densas se volvían cada vez más ligeras, y esto hizo que, aunque la temperatura media del universo seguía descendiendo, las zonas menos densas se enfriaban más que la media, mientras que las zonas más densas comenzaron a calentarse.

Se formaron nebulosas de hidrógeno de tamaños galácticos, dando lugar a las primeras galaxias, y en su interior se formaron remolinos de gas de menor tamaño que atraídos por la fuerza gravitatoria de otros átomos formaron los primeros sistemas y cuerpos planetarios.

El Hidrógeno se concentró en trillones de zonas de muy diversos tamaños, formando trillones de aglomeraciones de hidrógeno. Las más pequeñas eran simples nubes de hidrógeno que tarde o temprano serían atraídas por nubes mayores. Las de un tamaño mediano acumularon tal cantidad de gas, que su interior quedó sometido a una intensa presión de las moléculas que había sobre él. Esas aglomeraciones formaron los primeros planetas. El gas encerrado en el corazón de estos planetas estaba sometido a la presión de todo el gas que había sobre él, y si el planeta era lo bastante grande, la presión sería tan intensa que el gas hidrógeno de su centro dejaba de comportarse como un gas, convirtiéndose en líquido.

Y si el planeta era aún algo más grande, la presión en su centro era tan intensa que se convertía en un núcleo sólido de hidrógeno.

Fueron los primeros planetas del universo. Según su tamaño eran simples esferas de hidrógeno gaseoso, los algo más grandes con un núcleo líquido en su interior y los aún más grandes con un núcleo sólido de hidrógeno metálico, rodeado de un océano de hidrógeno líquido y sobre él una gigantesca atmósfera de hidrógeno gaseoso.

Las Primeras Estrellas.

Pero los planetas aún más grandes acumularon tal cantidad de masa que la presión sobre el núcleo de hidrógeno sólido era gigantesca, tanto que los átomos de hidrógeno de su interior apenas podían soportarla.

Y cuando la masa de un planeta resultaba ser mucho más grande, ya ni siquiera la capa de electrones de los átomos era capaz de soportar esa presión, los electrones eran expulsados del átomo y los núcleos de hidrógeno empezaron a chocar entre sí.

Como el interior de los planetas tenía un porcentaje de deuterio bastante mayor que la superficie, ya que los átomos de deuterio pesaban el doble, cuando los núcleos empezaron a chocar entre sí muchos de ellos se fusionaron, formando núcleos de dos protones y dos neutrones. Estos núcleos corresponden al elemento Helio, y los corazones de los mayores planetas de hidrógeno se convirtieron en reactores de fusión donde el hidrógeno y el deuterio se convertían en helio.

En esa conversión se generaba una gran cantidad de energía, principalmente en forma de luz y calor, pero la masa de hidrógeno que había sobre el núcleo del planeta era tan grande que esa luz y calor chocaban y volvían a chocar con otras partículas, ayudando a que se produjeran otras reacciones en cadena, hasta que todo el centro del planeta se convirtió en un gigantesco reactor nuclear que convertía el hidrógeno en helio y que comenzó a emitir luz y calor en todas las direcciones del espacio.

Esto hizo que los planetas de hidrógeno que hubiera en el entorno de una estrella sufrieran un bombardeo de luz y calor. Y si estaban demasiado cerca, las radiaciones de una estrella podían arrancar átomos de hidrógeno de las capas altas de la atmósfera de los planetas y empujarlas lejos, a los confines del sistema estelar. En unos pocos miles de años, los efectos serían insignificantes, pero a lo largo de pocos millones de años, la cantidad de hidrógeno expulsado iría disolviendo los planetas más cercanos, sobreviviendo sólo los planetas que estuvieran a una distancia suficiente para no ser afectada por las radiaciones del sol.

Las Fábricas de Átomos del Universo.

El interior de las estrellas era un reactor nuclear donde los átomos de hidrógeno y deuterio se convertían en helio, desprendiendo energía. Al ser más pesado que el hidrógeno, el helio formó un núcleo en el corazón de las estrellas, y conforme el núcleo estelar iba aumentando de tamaño llegó un momento en que también los núcleos de los átomos de helio empezaron a chocar entre sí formando átomos más pesados.

Poco a poco, las estrellas se fueron estructurando en capas. Bajo un manto de hidrógeno se encontraba una capa de deuterio, bajo esta, una capa de helio, y bajo esta, en capas sucesivas, elementos cada vez más pesados.

Carbono, Oxígeno, Sodio, Azufre. Sometidos a la gigantesca presión gravitatoria del gas que había sobre ellos, los electrones de los átomos eran incapaces de soportar esa presión y los núcleos atómicos chocaban entre sí fusionándose en elementos cada vez más pesados y desprendiendo ingentes cantidades de energía.

Hasta llegar al hierro.

Los núcleos atómicos están formados por protones y neutrones. Los protones tienden a alejarse entre sí. Para que dos o mas protones permanezcan unidos en el núcleo atómico hace falta que haya una cantidad de neutrones, como mínimo, igual al de neutrones.

La fuerza Electromagnética que hace que los protones se repelan, queda compensada por la fuerza Nuclear que mantiene unidos a protones y neutrones.

Pero la fuerza Nuclear es de muy corto alcance, tanto que si en un núcleo hay más de treinta partículas (entre protones y neutrones) la fuerza nuclear de un neutrón en la superficie del núcleo no alcanza hasta las partículas del otro extremo del núcleo. Hacen falta más neutrones. Por eso, los átomos más pesados necesitan tener más neutrones que protones. Y mientras más grande sea el núcleo, en mayor proporción.

Y esto hace que los átomos más pesados sean también más inestables.

Igual que dos núcleos, con un cierto aporte de energía, pueden fusionarse para formar un núcleo mayor, desprendiendo energía en el proceso, también un núcleo, con un cierto aporte de energía, puede fisionarse, dividirse en dos o más núcleos más pequeños desprendiendo energía en el proceso.

Los núcleos pequeños necesitan una cantidad de energía determinada para fusionarse, y al hacerlo desprenden una cantidad de energía mayor que la que se le ha aportado.

Si quisiéramos fisionar un núcleo pequeño necesitaríamos bombardearla con mucha más energía y tras la fisión se generaría una cantidad de energía muy inferior a la aportada.

En los núcleos grandes ocurre al revés. Hace falta menos energía para fisionar que para fusionar, y la energía resultante es mayor en la fisión que en la fusión.

El punto de equilibrio, el elemento más estable, es el hierro.

Cuando en el corazón de una estrella se forman núcleos de hierro, este empieza a acumularse en cantidades cada vez mayores.

En ocasiones, de forma aleatoria, átomos de diversos tamaños pueden fusionarse para formar elementos más pesados que el hierro, pero la cantidad de energía de su entorno es tan grande que acaban siendo destruidos casi de inmediato.

Así, durante la primera parte de la existencia de nuestro universo, fue como se crearon las estrellas y en su corazón se fabricaron la mitad de los elementos que conocemos.

Novas y Supernovas.

Una estrella mantiene un equilibrio bastante inestable.

La fuerza gravitatoria la mantiene unida y genera una presión gigantesca sobre su centro. Allí la presión es tan grande que algunos núcleos se fusionan para formar núcleos más pesados. Esta fusión genera energía y esta energía impide que la estrella siga cayendo hacia su interior.

Es como una cúpula hinchable. Mientras inyectemos aire, la cúpula se sostendrá. Cuando dejemos de inyectar aire, la cúpula caerá.

Conforme los átomos más pequeños se van fusionando en átomos más pesados, se va generando más energía de la que se consume, pero cuando en el interior de las estrellas se forma un núcleo de hierro y este alcanza un cierto tamaño, la cantidad de energía generada en el núcleo estelar acaba siendo menor que la que se consume, y al llegar a ese punto no es capaz de soportar la gigantesca presión gravitatoria.

En cuestión de milésimas de segundo, toda la masa de la estrella cae sobre el núcleo. En un período de tiempo tan breve como no podemos imaginar, se produce una concentración de energía gigantesca, tan grande que en esas milésimas de segundo los átomos del interior de la estrella son capaces de combinarse para formar átomos aún más pesados que el hierro.

Dependiendo del tamaño original de la estrella, su destino puede ser uno de varios, pero en la mayoría de las ocasiones esa concentración de energía no es capaz de mantenerse estable más que unas milésimas de segundo y la estrella explota esparciendo la mayor parte de su materia por el espacio.

Y en esa materia se encuentran en muy diversas proporciones todos los elementos conocidos de la tabla periódica de elementos, empezando por el hidrógeno, que fue creado en el origen del universo, los elementos ligeros, hasta llegar al hierro, que se crearon poco a poco, a lo largo de miles de millones de años, en el corazón de las estrellas, y los elementos más pesados, que se crearon en las milésimas de segundo que dura la explosión de una supernova.

Polvo de Estrellas.

Conforme las estrellas iban estallando, el espacio interestelar se fue llenando de polvo y escombros. Polvo formado por todos los elementos en muy diversas proporciones, siendo aún más abundante el hidrógeno pero con un porcentaje cada vez mayor de helio, carbono, aluminio, hierro, uranio, etc. Y del corazón de las estrellas también salieron despedidos trozos de material fundido que al enfriarse formaron los primeros aerolitos, compuestos de silicatos o de metales, según de la parte de la estrella de la que partieron.

Empujado por la radiación de las estrellas, el polvo estelar tendía a acumularse en determinadas zonas del espacio, y tal como miles de millones de años antes las nubes de hidrógeno fueron capaces de formar planetas y estrellas, también el polvo se acumuló y formó nebulosas de las que más tarde nacerían nuevos sistemas estelares.

La Siguiente Generación de Planetas.

Se formaron nuevos planetas, nuevas estrellas, pero ahora de unas características diferentes.

Las nuevas estrellas contenían una cierta cantidad de elementos pesados, y debido a esto empezaban a arder antes. Al tener, ya desde su inicio, un núcleo de elementos metálicos, se generaron campos magnéticos gigantescos que alcanzaban enormes distancias.

También los planetas eran diferentes. En una nube de gas y polvo la mayor parte de la nube era hidrógeno, pero todo el polvo, todos los elementos pesados, se hundieron en el corazón de los planetas formando en ellos un núcleo sólido con importantes cantidades de metales y rocas.


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Regresar a Ciencia y Futuro Escrito y publicado por Juan Polaino (MasLibertad.com)

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