El Universo es una Onda

Introducción
Una pregunta que muchos científicos han intentado responder desde hace tiempo es si la expansión del universo continuará hasta el infinito o si se irá frenando hasta detenerse y después volverá a contraerse hasta que toda la masa del universo acabe, tal como empezó hace 13.700 MM de años, concentrada en un punto. Para intentar responder esta pregunta había que medir a qué velocidad se alejan las galaxias más cercanas y las más lejanas y para ello se ha recurrido a un tipo de supernovas que explotan siempre con la misma intensidad. Si dos explosiones de supernova generan la misma cantidad de radiación y nosotros vemos una brillar con más intensidad que la otra, significará que la que vemos más brillante es porque está más cerca, y como sabemos en qué proporción una estrella brilla más o menos que otra, también podremos ver en qué proporción una está más cerca o más lejos que otra.
Teniendo en cuenta que si vemos una estrella a mil MM de años luz la estamos viendo tal como era hace mil MM de años, podremos deducir la posición de cada estrella en el momento en que emitió la luz que estamos recibiendo en este momento. Tomando ahora el desplazamiento al rojo del espectro lumínico de la estrella podremos calcular también a qué velocidad se estaba alejando en ese momento y, haciendo unos sencillos cálculos (bueno, sencillos para los astrofísicos, bastante complejos para nosotros) podrán deducir si las galaxias más lejanas y por tanto más antiguas se desplazaban más o menos rápido y así podremos calcular si el universo se está frenando y, de hacerlo, en que proporción. El resultado de estos cálculos, sin embargo, fue totalmente inesperado. No sólo es que la expansión del universo no se está frenando, es que a partir de los datos y cálculos realizados se deducía que ni siquiera es constante. Al contrario, da la impresión de que el universo se expande cada vez más rápido. Con los supuestos admitidos actualmente por la ciencia, este fenómeno no tenía explicación, de ahí que desde entonces los astrofísicos están intentando elaborar nuevas teorías que lo expliquen. Una de estas teorías es que hay una quinta fuerza, aparte de las cuatro conocidas, que funciona de forma similar a la gravedad pero con una intensidad mucho menor y generando una repulsión entre todas las masas del universo. Pero otra explicación podría ser la que sigue:

Aviso Importante
El contenido de este documento contiene varias teorías elaboradas por mí en los últimos 30 años sin que hayan sido aún confirmadas por la ciencia, por lo que su contenido puede ser objeto de estudio, consideración y debate, pero no debe usarse como una referencia comprobada porque no lo es.
Mi opinión es que probablemente en el futuro se confirmarán algunas de estas teorías, pero también puedo estar completamente equivocado, por lo que no quisiera que alguien pudiera caer en un error por mi culpa.
En los demás documentos del resto de esta página Web (en todas mis páginas, en realidad) he intentado atenerme a los últimos conocimientos científicos considerados más probables por la mayoría del mundo científico, principalmente en todo lo referente al origen y evolución de los planetas, pero en este documento en particular se tratan temas de los que la ciencia no ha dicho aún la última palabra. A veces ni la primera.
No obstante quiero resaltar que una conclusión de estas teorías es que la Velocidad de la Luz no debería ser constante a lo largo de la historia del universo, sino que iría decreciendo mientras éste más viejo se fuera haciendo. Y esto explicaría el sorprendente fenómeno de que la expansión del universo parece estar acelerándose.
De hecho, según las conclusiones de esta teoría, el universo se expande a velocidad constante, ni se frena ni acelera. La velocidad de la luz disminuye con el tiempo a un ritmo demasiado leve para ser detectado pero sí suficiente para alterar nuestra percepción de la distancia y la velocidad de alejamiento de las galaxias que emitieron su luz hacia nosotros hace miles de millones de años.
Pienso que mi teoría es correcta pero, como no tengo medios para comprobarlo, la ofrezco aquí, en este documento de mi página Web para que las personas interesadas la examinen y quien tenga más conocimiento que yo la pueda evaluar y decirme si podría ser verdad o está equivocada.
Espero vuestra opinión, que agradeceré enormemente.

Un universo unidimensional

Imagina un estanque en calma.

En él podemos distinguir varias partes con distintas características, como la masa de terreno en el que descansa el estanque, la masa de agua que lo compone y la masa de aire que hay por encima. El aire, la tierra y el agua ocupan tres espacios tridimensionales adyacentes y distintos, con diferentes estructuras y propiedades.

En las zonas de contacto entre estas masas podemos distinguir varias membranas de contacto. Entre el aire y el agua hay una superficie plana, un espacio bidimensional con una estructura y propiedades diferentes a las del agua que hay por debajo y el aire que hay por encima. Igualmente, entre el agua y la tierra hay también una membrana de fango, una superficie de contacto que tiene propiedades distintas a las del agua y la tierra. Es otro espacio bidimensional, pero sus propiedades serán totalmente distintas a las del espacio bidimensional que conforma la superficie del agua.

Por otro lado, la orilla del estanque es la zona de confluencia de las tres masas: aire, tierra y agua, o de las tres membranas de separación entre ellas. La orilla del estanque, en fin, es un espacio unidimensional, la intersección entre tres espacios diferentes y con unas propiedades también distintas a las de las tres masas que delimitan.

Prescindamos de todo lo accesorio y quedémonos sólo con la superficie del estanque.

La superficie de un estanque ideal es un espacio bidimensional, un plano que se extiende hasta el infinito.

Supongamos que en este estanque ideal, en un punto cualquiera se produce una perturbación. La perturbación en un punto del estanque se transmite a los puntos adyacentes generando una onda que se aleja a la misma velocidad en todas las direcciones del espacio bidimensional, dando lugar a una ondulación circular que se va alejando a velocidad constante del punto de origen de la perturbación.

La cantidad de energía de esta perturbación es constante a lo largo del tiempo, y será igual a la energía de toda la onda, pero como la onda forma una circunferencia cada vez más grande la cantidad de energía por cada centímetro de onda será cada vez menor. Es decir, la onda se va haciendo cada vez más débil. La velocidad a la que decae la energía por cada metro de frente de onda es constante. Por decirlo de otra forma más querida por los físicos, la cantidad de energía por cada metro lineal de una onda es inversamente proporcional al tiempo transcurrido.

Observemos detenidamente ese frente de onda.

Cualquier punto de la superficie del estanque permanece estático, sin energía. Es como un náufrago flotando en la superficie de un mar en calma.

De repente, al llegar la onda, el punto sufre una oscilación, alzándose y descendiendo mientras la onda lo atraviesa. Después, cuando la onda ha pasado de largo, el punto vuelve a su posición original, de nuevo estático y sin energía.

El náufrago, que está flotando en medio de un mar en calma, de repente siente que se alza sobre la posición que ocupaba y a continuación vuelve a descender. Una vez pasada la ola, el náufrago vuelve a su desamparada situación anterior.

Pero no nos centremos en el punto, fijémonos en la onda. No nos centremos en el náufrago, sino en la ola.

La ola avanza a una velocidad constante y mientras no encuentre un obstáculo inmóvil e inamovible, como una costa o un fondo marino, no alterará su avance. Ni siquiera un náufrago, que para la ola será un suceso efímero, alterará sus características fundamentales. La ola en sí, no solo comparte algunas de las características del agua y del aire a través de las que viaja, también incorpora algunas propiedades emergentes, propiedades que no tienen ni el agua ni el aire, ni siquiera el resto de la superficie del estanque, sino que solo afectan a la misma ola.

Un surfista, colocándose en un punto determinado de la ola, en una posición determinada, podría avanzar con el frente de onda, avanzando en la misma dirección de la ola o con desplazamientos laterales a la izquierda o a la derecha. Su velocidad máxima, dentro de la ola, está limitada por las características de la misma. Si la ola es muy alta podrá ser bastante grande, si la ola es más baja el surfista solo podrá viajar por la ola a bajas velocidades y si la ola es demasiado baja el surfista ni siquiera podrá permanecer en la ola.

Si en vez de un surfista hay cientos en toda la ola, conforme la ola, una circunferencia, no lo olvidemos, avanza, la circunferencia se hace más larga y los surfistas se alejan unos de otros. Mientras más alejados estén dos surfistas, a más velocidad parecerán alejarse entre sí. Como la velocidad de los surfistas está limitada por las características de la ola, un surfista podría desplazarse hacia alguno de sus vecinos, pero por muy rápido que viaje los surfistas más alejados se alejarán siempre a una velocidad mayor a la que el surfista puede adquirir.

Al mismo tiempo, cuando un surfista viaja por la ola, su movimiento provoca perturbaciones en la superficie del mar y también en la superficie de la ola. Ondas menores dentro de la onda principal. Las ondulaciones generadas por el surfista viajan también a una velocidad determinada y cuando se cruzan con otro surfista o con las ondulaciones generadas por otro surfista pueden interferir y modificar su avance.

Conforme la ola avanza, su circunferencia se hace más grande, la energía total de toda la ola es siempre la misma, pero la densidad de energía por metro es menor, así que la ola será más pequeña y la velocidad máxima de desplazamiento de los surfistas irá disminuyendo.

La ola en sí es también un universo, un espacio de una sola dimensión en la que ciertas estructuras pueden desplazarse a la derecha o a la izquierda. Este universo unidimensional está curvado alrededor de un punto situado en una segunda dimensión, el punto de origen de la onda. Los entes que viven en la onda son afectados principalmente por otros entes que se encuentran en la misma onda y si entre esos entes surgieran entes capaces de reproducirse y evolucionar, la selección natural les daría sentidos para observar su entorno, el entorno que puede afectar a sus posibilidades de supervivencia, por lo que sus sentidos les permitirían ver a los surfistas vecinos, pero no tendrían, porque no tendrían ninguna utilidad, sentidos para mirar a través de las otras dimensiones del espacio. Incluso sus mentes, sus cerebros, estarían adaptados a resolver problemas de física espacial unidimensional, no podrían visualizar, ni imaginar siquiera, un universo bidimensional.

Un universo bidimensional

Subamos un escalón en nuestro razonamiento. Añadamos una dimensión a nuestro experimento mental.

Imaginad un volumen, una habitación infinita llena de un gas puro y homogéneo. Si en cualquier punto de esa habitación se produjera una perturbación, esta se transmitiría en forma de onda a través de todo el espacio. Esta onda sería una onda primaria, de compresión, tal como las ondas de sonido que se transmiten a través del aire, del agua o de las rocas.

Las características de una onda sónica son diferentes a las de una ola, pero tienen varios puntos de coincidencia. Existe un frente de onda, pero éste no es esta vez una línea recta que se curva alrededor de un punto de una segunda dimensión, sino una superficie bidimensional aparentemente plana pero que se curva alrededor de un punto de una tercera dimensión. Los habitantes de esa superficie, si fuera posible su existencia, vivirían en un universo bidimensional y sus sentidos hubieran evolucionado para que pudieran ver e interactuar con los fenómenos que se produzcan en su universo, pero serían ciegos, física e intelectualmente a los fenómenos que pudieran producirse fuera del mismo. Una diferencia bastante importante entre este universo bidimensional y el unidimensional descrito anteriormente es que, siendo la energía inicial de la perturbación la que va a ser constante a lo largo de toda la historia de la onda, en un universo unidimensional la densidad de energía por metro disminuye de forma proporcional al tiempo transcurrido. Pero en un universo bidimensional la energía se tiene que repartir en un frente de onda que es una superficie, por consiguiente la densidad de energía por metro cuadrado disminuye en proporción al cuadrado del tiempo transcurrido.

El universo tridimensional

Nuestro universo es tridimensional, nosotros lo vemos y percibimos así, pero las últimas investigaciones de la física, intentando comprender la estructura del espacio, nos han llevado a comprender o suponer que existen otras dimensiones. Intentamos razonar que no vemos esas dimensiones porque están tan superenrolladas o son tan extensas que nuestros sentidos no pueden abarcarlas, pero todas las investigaciones realizadas acaban chocando con la dificultad que supone que seres tridimensionales como nosotros puedan ver, percibir o comprender las otras dimensiones, exactamente igual que un ser unidimensional no podría comprender que su universo es una onda que se desplaza a través de una dimensión que no puede ver y que se curva alrededor de un punto situado fuera de su universo.

Mi opinión en este aspecto es que el Omniverso es mucho más que lo que percibimos. Es un espacio de múltiples dimensiones, cada una de ellas que se extienden hasta el infinito, pero que en algunas zonas de este omniverso se forman estructuras diferentes, con distintas propiedades físicas, y en las zonas de contacto entre diversas estructuras se forman membranas de separación. Estas membranas pueden ser de varias dimensiones pero en las zonas en que dos membranas distintas entran en contacto (como la orilla de un estanque) aparece una membrana con una dimensión menos. Cada una de estas membranas tendrá características distintas, dependiendo del número de dimensiones y de la naturaleza de las membranas y masas con las que limiten.

En ocasiones, en algunos puntos de este Omniverso se produce una perturbación que genera una onda que se expande a través de algunas de estas dimensiones, estructuras y membranas. Tal como una ola en la superficie de un estanque no se transmite hacia arriba y hacia abajo sino que queda encapsulada en una membrana bidimensional de unión entre dos medios distintos, en el Omniverso algunas perturbaciones generarán ondas que viajarán por dos dimensiones, por tres o por un número de dimensiones que dependerá de la naturaleza de las membranas por las que viajan.

En un punto determinado de este Omniverso se produjo hace 13.700 MM de años una perturbación. Esta perturbación generó una onda que se transmitió por una membrana tetradimensional de unas características determinadas generando un frente de onda que en sí es un espacio tridimensional que se expande a través de una cuarta dimensión.

Ese es nuestro universo.

La cantidad de energía por metro cúbico disminuye a razón del cubo del tiempo transcurrido, y, al disminuir lo suficiente esta densidad energética, comenzaron a formarse estructuras que con el tiempo llegaron a adquirir una complejidad suficiente para albergar inteligencia, mirar a su alrededor con los limitados sentidos que la evolución nos ha dado e intentar comprender, con una mente no preparada para ello, la complejidad de la estructura Omnidimensional del espacio.

Desde cualquier punto del universo desde el que miremos, veremos que las demás galaxias se alejan de nosotros, a más velocidad mientras más lejos están, por lo que podríamos pensar que nuestra galaxia ocupa el centro del universo, sin imaginar que el centro de nuestro universo está en una cuarta dimensión, en una dirección a la que no podemos señalar con nuestros dedos ni mirar con nuestros ojos.

La velocidad de la luz era mucho más elevada en los comienzos del universo y va disminuyendo en una proporción que como mínimo será inversamente proporcional a la cuarta potencia del tiempo transcurrido, por lo que en aproximadamente unos pocos segundos desde el Big-Bang perdió gran parte de su velocidad, la siguió perdiendo más despacio durante varios miles de millones de años y actualmente la sigue perdiendo pero tan despacio que desde que hemos empezado a medir su velocidad aún no hemos notado el cambio, aún no hemos percibido que la velocidad de la luz disminuye con el tiempo.
Pero al contemplar galaxias situadas a mil MM de años luz, estamos recibiendo rayos de luz que al comienzo de su viaje iban ligeramente más rápido que hoy en día, lo que distorsiona por completo la imagen que tenemos de la expansión del universo y nos hace creer que las galaxias se están acelerando.
No es así. La velocidad de la expansión del universo es constante, y lo será hasta el fin del universo, pero el hecho de que la curvatura de la onda vaya disminuyendo hace que la velocidad límite dentro de nuestro universo vaya disminuyendo.

La onda tridimensional que es nuestro universo seguirá expandiéndose a través de la cuarta dimensión hasta que la densidad energética, la inclinación de la onda, sea tan suave que los surfistas no puedan ni mantenerse en la cresta de la ola. El universo en el que hemos vivido y que hemos conocido se disolverá en el omniverso como el tañido de una campana en la distancia. Pero la membrana tetradimensional en la que surgió nuestro universo, expandiéndose y disolviéndose en la distancia como la onda generada por una gota en un estanque, sigue existiendo, y en ese estanque del omniverso caen más gotas de lluvia, cada una de las cuales genera una nueva onda, un nuevo universo, cada uno con una cantidad de energía distinta, por lo que cada uno de los universos que se creen serán diferentes.


Si esta idea fuera correcta, y creo que lo es, nuestro universo no es más que una onda tridimensional, nosotros viajamos en el frente de onda, en la cresta de la ola, allí donde las características del espacio que se transmiten por la membrana tetradimensional son diferentes de las de otros puntos de dicha membrana. La perturbación inicial que produjo nuestro Universo fue el Big-Bang, lo que nosotros identificamos con una gigantesca explosión, pero que los físicos más modernos consideran que fue más bien una superexpansión, ya que los datos que tenemos no parecen encajar con las primeras teorías que construimos para describir el nacimiento del universo.

Pero si consideramos que el Universo es una onda y tenemos en cuenta que las constantes Universales como la constante de Gravitación Universal e incluso la velocidad de la luz pueden variar dependiendo de la amplitud de la onda que es nuestro universo, muchas de esas aparentes contradicciones podrían ser resueltas.

Con el tiempo la amplitud de la onda irá disminuyendo, a razón del cubo del tiempo transcurrido desde el Big-Bang, y las constantes universales, seguirán cambiando.

La cantidad de energía por metro cúbico disminuirá también en la misma proporción e incluso la velocidad de la luz será cada vez menor, y dentro de una cierta cantidad de miles de millones de años la densidad energética de nuestro Universo será tan débil que éste acabará disolviéndose y no será más que un recuerdo en el infinito Omniverso en el que vivimos.

El Origen de la Fuerza de Gravedad

Cuando un surfista cabalga una ola, su comportamiento es afectado por la ola que está cabalgando, pero también su presencia altera significativamente a la ola. Esto hace que la onda deja de ser una línea recta (la curvatura general de la onda es insignificante e inapreciable para los surfistas) y sufre una deformación en el punto donde se encuentra el surfista.

Es decir, conforme la onda unidimensional avanza a través de la segunda dimensión, hay una resistencia a su avance. Esa resistencia dependerá de la masa del surfista y generará una depresión en la onda que podrá ser más o menos acusada. Podemos visualizarlo mejor imaginando una lona elástica de las que se usan en saltos gimnásticos. Más aún, imaginemos una lona elástica de tamaño infinito y en ella una serie de bolas de acero de diversos tamaños. Cada bola de acero genera una depresión en la lona y si las depresiones generadas por dos bolas están lo bastante cerca, las bolas empezarán a caer la una hacia la otra. En un universo bidimensional expandiéndose a través de una tercera dimensión, la onda que constituye dicho universo es deformada por las masas que en ella se encuentran y esto hace que las masas reaccionen acercándose las unas a las otras. Nuestra conclusión, la conclusión que sacamos con los limitados e incompletos datos que tenemos es que las masas se atraen entre sí, pero no es cierto, no hay ninguna fuerza directa entre las masas. Cada masa actúa directamente sobre la onda, sobre el tejido espacial, y ese tejido, sufriendo cada hilo única y exclusivamente la fuerza ejercida por los hilos adyacentes, acaba con una inclinación que hace que cada masa tienda a desplazarse en la dirección que ofrezca menos resistencia al avance del universo bidimensional a través de la tercera dimensión.

Durante muchos años los físicos han estado buscando una partícula que fuera responsable de la fuerza gravitatoria. Han imaginado que si dos masas se atraen, cada una de ellas debe saber por algún medio que la masa hacia la que se siente atraída está en una dirección determinada y han imaginado la existencia de gravitones, que son los que transmiten esa información entre los cuerpos. Pero esa búsqueda es inútil, pues esa información no se transmite directamente entre las masas. Cada masa deforma un punto del tejido espacial. Cada punto deforma a sus puntos adyacentes, y estos a los suyos, etc. generando una depresión de una profundidad proporcional a la masa del cuerpo que la provoca. Si dos depresiones están bastante cerca, los puntos del tejido situados entre ellas acabarán más hundidos que por el extremo opuesto y como resultado el tejido, justo bajo la masa que lo ha deformado, acabará con una leve inclinación en dirección a la masa más cercana que hará que ambas masas acaben rodando la una hacia la otra.

Y no ha habido en todo este proceso ninguna partícula que transmita esta información.

Que nosotros digamos que la gravedad es una fuerza que hace que las masas se atraigan entre sí, es una simplificación, pero esa fuerza no existe, no es una entidad física de ningún tipo, sino una entidad emergente, una resultante de unas causas mucho más simples que se alían para generar unas consecuencias más complejas que las causas que la provocan.

Las Fuerzas Polares

La gravedad es una fuerza que actúa siempre en un mismo sentido sobre todo tipo de partículas. Siempre se generan fuerzas de atracción, nunca de repulsión gravitatoria.

Pero hay otras dimensiones, y la onda que constituye nuestro universo, no solo avanza a través de una dimensión, sino de varias.
Y en algunas de estas dimensiones el espacio puede deformarse, no hacia el interior de la hiperesfera que es nuestro universo, sino hacia el interior de ese mismo espacio.

Sería como si una partícula, en una lona elástica, no ejerciera una fuerza hacia abajo generando una depresión, sino que tirara de los hilos adyacentes de la lona hacia la partícula. La forma de la lona no cambia, pero el tejido espacial es más denso en los puntos donde se encuentra la partícula y ligeramente menos denso al alcanzar una cierta distancia de la misma.

Del mismo modo podría ocurrir justo lo contrario. También hay partículas que empujan hacia fuera los hilos más cercanos del tejido espacial, generando zonas de menor densidad espacial.

Si dos partículas del mismo signo se acercaran, la tensión del tejido espacial entre ellas sería más intensa y el resultado sería que ambas partículas se alejaran entre sí.

Si dos partículas de distinto signo se acercaran, la tensión del tejido entre ellas sería menor que por sus partes opuestas y el resultado sería que ambas partículas acabaran chocando entre sí. Al hacerlo, las características de la partícula que provocan esa deformación polar se aniquilarían entre sí.

Pero una partícula no tiene solo una característica, sino que puede incorporar varias características diferentes. Por regla general todas las partículas tienen masa y, por tanto, todas deformarán el tejido espacial en dirección contraria a su expansión. Pero también pueden provocar zonas de mayor o menor tensión en el tejido espacial.

Y ahora debo daros una mala noticia. Hasta ahora hemos dicho que nuestro universo, nuestro espacio, es una onda de tres dimensiones expandiéndose a través de una membrana de cuatro dimensiones. Pero las otras dimensiones también existen, como podemos apreciar en el ejemplo del estanque, donde la onda unidimensional se desplaza a través de una segunda dimensión, por la superficie del estanque, pero también provoca ondulaciones en la tercera dimensión, arriba y abajo.

De los datos de los que actualmente disponemos (y suponiendo, por supuesto, que esta teoría es correcta), podemos deducir que nuestro universo es una onda que se transmite por una membrana, una zona de grosor muy reducido por comparación al tamaño de las dimensiones visibles, pero no insignificante. El número de dimensiones de las que se compone esta membrana no lo conocemos pero sí sabemos que serán al menos siete, tres de ellas las visibles, que podemos apreciar en nuestra vida cotidiana, una cuarta a través de la cual se transmite la onda, que es nuestro universo, y otras tres, al menos, que interfieren con las diferentes características de cada una de las partículas que componen nuestro universo.

La cuarta dimensión hace que las partículas actúen como si existiera una fuerza G, una fuerza de gravedad. Cada una de las otras dimensiones hace que las partículas reaccionen como si existieran otras fuerzas, a las que vamos a llamar E, N y D (por Electromagnética, Nuclear y Débil).

Cada partícula existente en nuestro universo incorpora una o varias características y cada una de estas características interfiere con una dimensión determinada.

La dimensión E hace que las partículas que tengan esta característica en sus dos modalidades, positivo y negativo, reaccionen de una forma determinada que a lo largo de la historia de la ciencia nos ha llevado a deducir que existe una fuerza Electromagnética. Los Electrones son partículas de muy poca masa que incorporan esta característica en su modalidad negativa mientras que los protones la incorporan en su modalidad positiva. Esto haría que electrones y protones se atraigan y, eventualmente choquen entre sí, pero ambos, electrones y protones, incorporan también otra característica que hace que interfieran con la dimensión N, y en esa dimensión ambas partículas lo hacen con la misma polaridad, por lo que la tendencia emergente será que ambas partículas se repelan. Esta reacción es lo que nos ha llevado a la conclusión de que existe una fuerza Nuclear.

Las cuatro fuerzas conocidas, Gravitatoria, Electromagnética, Nuclear y Débil, son representaciones que hemos inventado para explicar el comportamiento de las partículas. No son entidades existentes, sino emergentes, surgidas de la interacción de cada una de las características de cada partícula con el tejido espacial de una dimensión determinada.

Dicho esto, aunque estas fuerzas no tengan una existencia física, podemos utilizarlas como si fueran reales, solo a efectos de simplificar nuestros razonamientos, cálculos e investigaciones y desentrañar el funcionamiento de las partículas, pero sin perder de vista el hecho de que la Realidad es mucho más simple y al mismo tiempo mucho más extraña de lo que la intuición nos ha dicho hasta ahora.

Una grave consecuencia que ha tenido en el mundo de la investigación de la física el pensar que las fuerzas son entidades reales, es que los físicos han intentado durante años encontrar las partículas transmisoras que comunican a las partículas hacia donde tienen que caer o desviarse, pero esas partículas no existen, y cuando se han encontrado partículas que aparentemente realizan esta función muchos físicos han llegado a unas conclusiones equivocadas que les han llevado a callejones sin salida en su investigación.
Las partículas que han descubierto existen, por supuesto, pero no son partículas transmisoras de fuerzas, aunque su existencia y su interacción con otras partículas pueda generar una reacción que lo aparente.

Deformaciones y Ondas

Una partícula, sola en el espacio, provoca una deformación en el conjunto de los varios tejidos dimensionales que forman el espacio. Esta deformación es estática, si la partícula no se mueve la deformación que causa tampoco lo hace.

Cuando dos partículas como un protón y un electrón están cerca, se producen dos deformaciones diferentes en dos dimensiones diferentes. Una de estas deformaciones hace que las dos partículas se acerquen, la otra hace que se alejen. El resultado es que una de las partículas, la que ofrezca menos resistencia al movimiento, acabe dando vueltas alrededor de la otra a la distancia en que las dos fuerzas de atracción y repulsión se equilibren.

Donde antes había un electrón causando una deformación estática en el espacio, ahora hay un electrón que está cambiando de posición continuamente, y la deformación que provoca en el espacio también cambia continuamente generando una vibración en el tejido espacial. Esta vibración genera una onda de la misma longitud que el diámetro de la órbita del electrón alrededor del núcleo y de una intensidad equivalente a la diferencia de intensidad entre la máxima y la mínima distancia entre ambos puntos. Tal como una lona elástica: si hay un gimnasta de pie sobre ella la deformación de la lona es estática pero si está saltando cada uno de sus saltos generará una onda que se transmitirá por toda la lona hasta el infinito, aunque la intensidad de la onda será cada vez menor hasta llegar a hacerse inapreciable. En la lona, de dos dimensiones, la intensidad de la vibración será inversamente proporcional a la distancia al centro de la onda. En el espacio, de tres dimensiones, lo será al cuadrado de la distancia.

Igual que el electrón, al girar alrededor del protón, genera una onda, cuando esta onda llega hasta otro electrón va a alterar su rumbo haciendo que el segundo electrón cambie de trayectoria o, si está orbitando otro protón, cambie de órbita. De esta forma las órbitas de los electrones, que tienden a seguir una trayectoria circular o elíptica, cambian continuamente de órbita de una forma tan caótica que es totalmente imposible adivinar en qué lugar de un átomo se va a encontrar en un momento dado. El espacio está lleno de átomos, pero además se ve atravesado por un número casi infinito de ondas que se entrecruzan continuamente entre sí sin llegar a interferirse entre ellas.

Porque una particularidad de las ondas es que cuando dos ondas se cruzan se produce una interferencia en el punto del cruce, pero una vez pasada la interferencia la onda recupera elásticamente su forma, amplitud e intensidad original, exactamente igual que si no se hubiera cruzado con ninguna otra onda en su camino.

Pero en ocasiones dos ondas interfieren en una zona del espacio donde ya hay originalmente una deformación causada por la presencia de otras partículas. En tales casos la zona de interferencia entre ambas ondas genera una zona en la que se produce una sobreacumulación de energía. Esta sobreacumulación es un punto con más energía que los puntos circundantes y, como sabemos, la energía y la materia son intercambiables, o más bien, la materia es energía concentrada. Y cuando se produce una acumulación intensa de energía en un punto del espacio, es como si de la nada apareciera una partícula que antes no existía.

Son las partículas virtuales, partículas que surgen de forma espontánea en todos los puntos del espacio y duran un período de tiempo muy reducido antes de volver a disolverse en la nada.

Estas partículas virtuales, surgiendo a trillones en cada centímetro cúbico del universo, cuando lo hacen cerca de una partícula estable la hacen vibrar y generan en ellas propiedades emergentes, propiedades que no existían previamente pero que manteniendo todas las propiedades originales de las partículas les confieren una capacidad de interacción que no tenían antes.

En el espacio situado entre dos partículas cercanas, la aparición de estas partículas virtuales genera en muchas ocasiones una partícula virtual mucho más energética que recorre el camino entre ellas y es lo que a muchos físicos de partículas les han llevado a la errónea impresión de que eran partículas transmisoras.

Del mismo modo, los fotones son también partículas virtuales que solo cobran existencia cuando una onda electromagnética llega a una zona donde el campo electromagnético es lo bastante intenso como para que su interferencia mutua genere una partícula capaz de chocar físicamente con un electrón haciéndole cambiar abruptamente de trayectoria. De ahí la doble naturaleza de la luz, que cuando está viajando por el espacio interatómico se comporta como una onda pero que al llegar al espacio intraatómico o a la cercanía de una partícula se comporta e interactúa como una o más partículas.

Mientras más energética es una onda electromagnética más fotones aparecen en el momento de su interacción, pero mientras no interactúe con otras partículas un rayo de luz solo contiene ondas electromagnéticas.

Una explicación de la Contracción de Lorentz

Hemos visto cómo en los átomos, los electrones navegan por su interior siguiendo órbitas que en principio serían elípticas, pero que debido a la constante marejada ondulatoria en la que navegan ven desviada su trayectoria casi continuamente. Eso hace que nunca podamos saber con precisión dónde se va a encontrar un electrón, por lo que representar el movimiento de un electrón en torno al núcleo es tarea casi imposible. En vez de ello asumimos que alrededor del núcleo hay una zona donde es más probable que se encuentre. En un átomo con uno o dos electrones, esta zona adquiere la forma de una esfera alrededor del núcleo. El electrón podría estar más adentro o más afuera de esa esfera, pero el 99% del tiempo se encontrará en ella y sus movimientos estarían distribuidos por igual en todas las direcciones del espacio en la superficie de esa esfera.

Cuando el átomo está desplazándose por el espacio, sin embargo, se produce un fenómeno peculiar.

Para el núcleo no hay apenas diferencias entre estar detenido o en Movimiento Rectilíneo Uniforme. Pero el electrón que da vueltas a su alrededor en todas las direcciones del espacio, se encuentra que, cuando viaja en la misma dirección del núcleo tendría que viajar más rápido, y cuando lo hace en dirección contraria, más lento. Lógicamente, el electrón no puede cambiar de velocidad, por lo que lo que ocurre es que tarda más tiempo en hacer un recorrido de popa a proa que de proa a popa. No obstante ambos ciclos se compensan y un ciclo viene a tardar exactamente lo mismo que si el átomo estuviera detenido.

Pero cuando el electrón se desplaza alrededor del núcleo en una órbita perpendicular a la dirección de su movimiento, el tiempo que tarda en completar la órbita es ligeramente mayor. Mientras más rápido viaje el átomo, mayor será la diferencia de tiempo, y al viajar a una velocidad cercana a la de la luz el electrón tardará mucho más del doble de tiempo en completar un ciclo cuando se encuentre viajando de forma perpendicular al movimiento del átomo.

Podemos apreciarlo en el gráfico adjunto. Cuando un átomo está detenido, la trayectoria de los electrones será circular, pero si el núcleo se está desplazando, en los períodos en que el electrón viaje en dirección perpendicular al movimiento del núcleo recorrerá una trayectoria helicoidal, como un muelle. Si desenrollamos la trayectoria del electrón vemos que su recorrido es una simple línea diagonal y que usando el teorema de Pitágoras podremos calcular cuánto tiempo tardará el electrón en completar una vuelta en torno al núcleo.

Como resultado de ello, los electrones estarán más tiempo en la zona del átomo perpendicular al movimiento del núcleo que en las zonas de proa y popa del movimiento y la zona donde con más probabilidades puede encontrarse un electrón deja de ser esférica y pasa a estar aplanada respecto al movimiento del átomo, y como todos los objetos están compuestos de átomos, al aplanarse los átomos, los objetos que componen se acortarán en el sentido de la marcha.

Además, al tardar los electrones más tiempo en dar la vuelta alrededor del núcleo, también se ralentizarán los procesos físicos y químicos, por lo que las personas que viajen en cohetes a muy altas velocidades experimentarán que para ellas el tiempo ha transcurrido más lento que para las personas que permanecieron en el punto de partida. De ahí viene la famosa paradoja de los gemelos. Si un astronauta parte en un viaje a una velocidad del 90% de la de la luz, al llegar a su destino frena y regresa a la Tierra, al volver descubrirá que en la Tierra ha pasado el doble del tiempo que marcan los relojes que él ha llevado en su viaje, y si dejó en la Tierra un hermano gemelo, este tendrá ahora varios años más que el astronauta.

El fenómeno de la contracción de los objetos a altas velocidades fue mencionado por primera vez poco después de que los físicos Michelson y Morley, en 1887, hicieran un experimento para conocer la velocidad absoluta de la Tierra en el Universo. La conclusión del experimento fue que la Tierra estaba completamente detenida en el universo, y como se sabía que eso era imposible, pues como mínimo la Tierra viaja a 30 Km/s en torno al Sol, intentaron encontrar algún motivo que explicase tan inesperado resultado. Una de las explicaciones que se dieron fue que la Tierra se achataba en el sentido del movimiento, pero esta explicación le pareció tan ridícula a muchos de los científicos de la época que tardó muchos años en ser aceptada y no fue hasta muchos años más tarde que los científicos comprobaron que este fenómeno efectivamente tenía lugar.

Si expongo esta explicación es únicamente debido a que, a pesar de que hace muchos años que la conozco, nunca la he visto descrita en ninguna publicación ni en Internet. Puede ser que los físicos piensen que es tan evidente que no hace falta explicarlo, pero a mí me hubiera gustado haber visto esta explicación de la contracción de los objetos a altas velocidades y no haber tenido que deducirla.
Bueno, también podría ser que yo estuviera equivocado, y que haya imaginado esta explicación cuando los físicos actuales conocen perfectamente la explicación verdadera. Quizás soy un torpe que no ha sabido encontrar la explicación de la contracción de los cuerpos y la dilatación del tiempo en la extensa bibliografía publicada.
Si alguien conoce esa verdadera explicación, por favor, decídmelo para salir de mi error.
Mientras tanto, asumiré que la ralentización del tiempo y la contracción de los objetos que se produce a velocidades casi lumínicas es por este motivo.
Pero esto a su vez puede llevarnos a algunas conclusiones que la física actual aún no ha vaticinado.

La ecuación que define la ralentización del tiempo y el achatamiento de los objetos a altas velocidades debe ser una función estadística que tenga en cuenta en qué porcentaje del tiempo total los electrones están viajando en sentido perpendicular al desplazamiento del núcleo y en sentido paralelo al mismo. Mientras más largos sean los periodos de tiempo a considerar más probable es encontrar una respuesta estadísticamente homogénea.

Es como tirar una moneda un millón de veces. Si hacemos la media de las veces que ha salido cara y las que ha salido cruz en un millón de tiradas la probabilidad será muy cercana al 50%. Pero si de este millón de tiradas cogemos grupos de diez tiradas consecutivas las probabilidades pueden variar mucho. Habrá grupos de tiradas con cinco caras, pero los demás tendrán más o menos, al cincuenta por ciento, e incluso habrá algunos grupos en los que todas las tiradas hayan caído del mismo lado. Sin embargo, cuando se hace el cómputo global el resultado tiende a ser de un 50%.

El resultado de esa ecuación muy probablemente coincidirá en gran medida con la ecuación que define la contracción de Lorentz, Raíz(1-v²/c²), pero por desgracia no tengo medio de confirmarlo.

Si una nave espacial consigue viajar a una velocidad cercana a la de la luz, los fenómenos físicos serán más lentos y los objetos se achatarán en el sentido de la marcha, pero en un astronauta que viaje en esa nave hay billones de células, cada una de ellas compuesta de billones de átomos organizados en moléculas.

En el interior de las células las moléculas reaccionan a una velocidad que nos puede parecer sorprendente. Por ejemplo, cuando una célula se reproduce su ADN se duplica a razón de más de 50.000 bases por segundo. Eso significa que las moléculas se desplazan a bastante velocidad encajándose en el interior de los cromosomas conforme éstos se separan. Todo ello es un mecanismo bastante complejo y, por desgracia, fácil de fallar produciendo errores en la duplicación de las células que pueden provocar mutaciones. Las moléculas reaccionan entre sí gracias a que son más o menos elásticas y conservan su forma y propiedades por la tensión electrónica, por las fuerzas electromagnéticas entre los distintos átomos que componen la molécula.

Si un ser vivo con moléculas orgánicas como el ADN, nucleótidos o hemoglobina viajara en una nave espacial a una velocidad cercana a la de la luz, las moléculas orgánicas estarían achatadas en dirección al movimiento de la nave, pero estas moléculas suelen vibrar y girar y reaccionar entre sí a muy altas velocidades dentro del núcleo celular y eso sometería a dichas moléculas a una tensión que aumentaría enormemente la probabilidad de que se produjeran errores en la replicación de las células con el consiguiente riesgo de que el ser vivo, sencillamente, acabe con una enorme cantidad de moléculas destruidas, células muertas que provocarían su muerte.
Velocidad Longitud
0 Km/s 1
30.000 Km/s 0'995
75.000 Km/s 0'968
150.000 Km/s 0'866
260.000 Km/s 0'499
290.000 Km/s 0'256
300.000 Km/s 0

A una velocidad de un décimo de la velocidad de la luz, 30.000 Km/s, la deformación que sufrirían las moléculas sería de un 0'5%, por lo que es posible que esa velocidad sería bastante inofensiva para los viajeros espaciales, pero el riesgo de mutaciones y errores en la replicación de las moléculas orgánicas irá aumentando conforme aumenta la velocidad de la nave espacial, y llegará un momento en que ese riesgo sería inaceptable.

A una velocidad del 90% de la de la luz la deformación de las moléculas sería del 50% y cualquier reacción química de las moléculas orgánicas tendría un alto riesgo de malograrse.

Según la física actual no hay nada que pueda viajar más rápido que la luz. En mi opinión, ningún organismo vivo podrá viajar a una velocidad del 90% de la de la luz (a no ser que se congele) pues las moléculas de su organismo sufrirían enormes cantidades de mutaciones que le provocarían la muerte.

Movimiento Absoluto, Movimiento Relativo

Una de las suposiciones de la física moderna es que en el Universo no hay puntos de referencia, no hay ningún objeto que podamos llamar inmóvil pues todos se están moviendo en direcciones y a velocidades diferentes y por consiguiente, desde el punto de vista de la física un objeto detenido en el espacio es igual que otro que esté viajando a altas velocidades, ya que en algún otro lugar del universo habrá una galaxia que se desplace a esa velocidad.

De esa forma, si un bólido se desplaza por una carretera a 200 Km/h, es un hecho equivalente a que el bólido esté detenido y sea la carretera la que viaje a 200 Km/h.

Si un cohete está detenido en el espacio y a su lado pasa otro cohete a 200.000 Km/s, ninguno de los dos cohetes podrá saber si son ellos los que están detenidos o los que están viajando.

Por supuesto, según la teoría aquí expuesta, eso es incorrecto, y sí hay una importante diferencia. Veamos cuál.

Según mi teoría, la de que el Universo es una Onda, un objeto permanece totalmente inmóvil cuando solo se desplaza en el sentido de la onda. Pero como nos resulta imposible mirar u observar en esa dirección, ya que es una dirección en la que nuestros sentidos no pueden apuntar ni nuestras mentes pueden imaginar, sólo podemos calcular nuestra velocidad absoluta por métodos indirectos.

Y la forma de hacerlo es simple: Observar todas las galaxias que nos rodean, ordenarlas por distancias y calcular la velocidad media de todas las galaxias que se encuentren a la misma distancia.

Con ello descubriremos dos cosas: La primera es a qué velocidad se desplaza nuestra galaxia en el universo. Y la segunda es a qué velocidad avanza la onda en la cuarta dimensión.

Porque debemos tener en cuenta un hecho fundamental. En un Universo Onda dos galaxias lejanas pueden estar ambas detenidas en el espacio y sin embargo la distancia entre ellas estará aumentando. A nosotros nos parecerá que nosotros estamos quietos y ellos se alejan de nosotros, pero los habitantes de aquella galaxia caerán exactamente en el mismo error. La verdad es que ambas galaxias estarán detenidas, pero la distancia entre ambas seguirá aumentando. Y la única explicación coherente para ello es darse cuenta de que el universo es una onda.

Por supuesto, casi todas las galaxias se están moviendo a más o menos velocidad en cualquier dirección del espacio debido a la atracción de otras galaxias o cuerpos masivos de su entorno, e incluso hay galaxias que acaban chocando, pero su velocidad con respecto a sus respectivos entornos casi nunca superará un 1% de la velocidad de la luz. La galaxia Andrómeda, por ejemplo, se acerca a nosotros a una velocidad de unos 140 Km/s (0'05% de c) y chocará con nuestra galaxia dentro de unos 3.000 MM de años.
Sin embargo las galaxias más lejanas que hemos podido detectar 'parecen alejarse' a velocidades de más del 50% de la velocidad de la luz. Como puede comprenderse fácilmente, es una falsa impresión. La distancia entre ellos y nosotros es la que aumenta, tal como la distancia entre dos surfistas aumenta aunque ambos cabalguen una ola sin desplazarse a derecha o izquierda.

Por todo ello podemos decir que el movimiento absoluto SI existe, y aunque no podemos observarlo directamente sí podemos calcularlo estadísticamente, calculando la velocidad media de todas las galaxias que estén a la misma distancia de nuestra galaxia. Y por supuesto, una nave espacial en el espacio puede conocer su propia velocidad calculando la velocidad de alejamiento de las galaxias que la rodean. 

Pero estos cálculos deben tener en cuenta dos cosas: Primero, que si vemos una galaxia a 5.000 MM de años/luz la estamos viendo tal como era hace 5.000 MM de años. Y segundo, que hace 5.000 MM de años la velocidad de la luz era sensiblemente superior a la velocidad actual.

Si no tenemos en cuenta estos dos hechos, todos nuestros cálculos nos llevarán a unos resultados distintos de la realidad.

El Tercer Infinito

Siempre se ha dicho que el universo es Infinito y Eterno. No todo el mundo lo ha dicho, pero en todo momento desde los inicios de la filosofía y de la ciencia ha habido personas que lo han pensado, aunque otras personas, a veces la mayoría, pensaban lo contrario.

Actualmente, por ejemplo, muchos físicos piensan que el tiempo también tuvo su origen en el Big-Bang y que no tiene sentido preguntar lo que había antes, porque antes del Big-Bang no había antes, no existía el tiempo.

Eso es porque piensan que el tiempo es una dimensión, y como tal tuvo su origen al mismo tiempo que las demás dimensiones del espacio.

Craso error, en mi opinión.

El tiempo no es una dimensión, y este error tan generalizado es debido a que a lo largo de la historia los físicos y matemáticos han representado el tiempo como si fuera una dimensión con el fin de resolver con más facilidad los problemas de física que describen el movimiento de los cuerpos. De tal manera se han acostumbrado a ello que siempre que hablan de las dimensiones del espacio añaden el tiempo, como si fuera una dimensión más equiparable a las dimensiones del espacio.

Pero el tiempo no es una dimensión, de hecho ni siquiera tiene una existencia real.

Prueba de que el tiempo no es una dimensión es que en cualquiera de las dimensiones existentes podemos desplazarnos en ambos sentidos, pero en el tiempo no. Por otro lado la velocidad a la que transcurre el tiempo no es homogénea, depende de la velocidad a la que viajemos o de lo intenso que sea el campo gravitatorio en el que estemos inmersos.

No existen los cuantos de tiempo, ni podemos dividir el tiempo en períodos de tiempo tan pequeños como para poder decir que en ese tiempo, en todo el universo, todas las partículas estaban detenidas.

El tiempo no es más que una sucesión de sucesos que suceden sucesivamente (dilo rápido y en voz alta).

Antes del Big-Bang también pasaban cosas, había sucesos, y podemos retrotraer la sucesión de sucesos más atrás en el tiempo hasta alcanzar sucesos alejados millones de veces la edad de nuestro universo.

El tiempo es infinito, tanto mirando al pasado como al futuro.

Lo cual no quita que, al principio de la expansión del universo, durante los primeros 'segundos' del Big-Bang la densidad del espacio era tan grande que los sucesos podían sucederse con más rapidez de lo que lo hacen hoy en día.


Con el espacio pasa una cosa curiosa: Nuestro universo no es infinito.

Es ilimitado, pero no infinito, tal como la superficie de la Tierra no tiene bordes, pero sí tiene un tamaño determinado.

Pero nuestro universo es una onda que se extiende por una membrana multidimensional del Omniverso. Y el Omniverso SÍ es infinito.

Si viajamos siempre en línea recta por cualquiera de las tres dimensiones de nuestro universo recorreríamos una hiper-circunferencia y acabaríamos volviendo al mismo punto de partida. Nuestras tres dimensiones no son infinitas porque están encapsuladas en la onda universal, igual que cualquier persona podría viajar en cualquier dirección en línea recta por la superficie terrestre y acabaría volviendo al punto de partida. Pero si pudiéramos salirnos de la onda universal, tal como viajamos al espacio, nuestras tres dimensiones, tal como cualquier otra dimensión, serían infinitas.

El Espacio es infinito en todas sus dimensiones, aunque nosotros estamos limitados y solo podemos observar una pequeña parte de algunas de ellas.


Tiempo infinito. Espacio infinito. Pero hay un tercer infinito.

Los científicos han explorado el universo en todas direcciones y a todas las escalas hacia las que ha podido dirigir sus instrumentos de observación, descubriendo que hay un universo inmensamente grande y otro inmensamente pequeño.

Conforme ha ido investigando hacia lo más grande ha ido descubriendo que formamos parte de estructuras cada una de ellas más grande que la anterior. Y al investigar hacia lo más pequeño descubrió estructuras compuestas de otras estructuras cada vez más pequeñas.

Nosotros estamos a la mitad del camino entre lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño, pero no realmente porque estemos justo a la mitad del camino, sino porque desde donde estamos miramos en ambas direcciones y estamos a mitad del camino entre dos horizontes opuestos. Tal como un barco en alta mar se encuentra en el centro de su horizonte visible, pero eso no significa ni mucho menos que se encuentre en el centro del océano.

Pero el camino es también infinito. En ambas direcciones.

Vivimos en un planeta de un sistema solar que se encuentra en una galaxia dentro de un universo que se expande por una membrana multidimensional de un omniverso en el que también habrá estructuras cada vez más grandes y complejas.

Estamos formados por células, compuestas de moléculas, formadas por átomos, hechas de partículas y si seguimos profundizando cada vez llegaremos a universos más pequeños sin encontrar un límite, un tamaño del que podamos decir que no hay nada más pequeño.

Este es el tercer infinito del universo: La Escala Infinita.

Si pudiéramos hacernos cada vez más pequeños, hasta llegar al tamaño de los quarks y aún así siguiésemos viajando hacia una escala aún más pequeña, nos encontraríamos en un universo totalmente distinto al que conocemos, en el que incluso la relación entre las cuatro fuerzas conocidas serían muy diferentes y eso significaría que, a esa escala, el universo tal como lo conocemos no podría existir.

Pero sí podrían existir otras estructuras que seguirían unas leyes físicas totalmente desconocidas para nosotros. Quizás para entonces alguna fuerza sea tan insignificante que sea totalmente imperceptible, pero tal vez aparezcan otras fuerzas que en esa escala tengan una importancia fundamental aunque a nuestra propia escala esa fuerza ni siquiera haya sido detectada.

Puede haber otras fuerzas, cada una de ellas funcionará con distinta intensidad a una escala diferente y es posible que en determinadas escalas solo haya dos fuerzas importantes y en otras escalas haya seis. En cualquiera de esas escalas podrán formarse estructuras, pero quizás las estructuras complejas como un ser vivo inteligente solo sea posible cuando existe un número determinado de fuerzas y con unas intensidades determinadas.

Al ser las distancias tan cortas, las reacciones físicas y químicas (si las hubiera) serían mucho más rápidas y los sucesos se sucederían a una velocidad para nosotros inimaginable. Una simple partícula virtual de las que hemos mencionado más arriba, con una duración de millonésimas de segundo, podría contener en su interior estructuras en las que se podrían producir trillones de sucesos durante su breve existencia. Si en una escala determinada, a un tamaño determinado, hubiera la posibilidad de formarse estructuras organizadas capaces de albergar inteligencia, los hipotéticos seres que habitaran esa partícula virtual pensarían que su universo es infinito y eterno, sin percibir que muy por encima de ellos hay otro universo más grande y aparentemente más complejo en el que existen seres inteligentes.

Por lo que sabemos cada partícula virtual de nuestro universo podría ser otro universo en cuyo interior podrían existir estructuras más o menos complejas. Y si estas estructuras fueran capaces de organizarse para formar un ser inteligente, éste, en el tiempo que para nosotros es una trillonésima de segundo, podría crear una civilización y explorar las galaxias de su universo hasta el momento en que la energía de su universo se agote.

Una pregunta impertinente
¿Por qué todos los protones del universo tienen el mismo tamaño?.
La razon es sencilla, un protón solo puede existir en una escala determinada en la cual la relación entre las fuerzas existentes tengan unas relaciones numéricas determinadas. Si la relación entre las fuerzas fuera la misma en todas las escalas se podrían formar protones de cualquier tamaño, lo cual dejaría un universo totalmente irreconocible para nosotros. Gracias a que la relación entre las fuerzas naturales varía con la escala, los protones sólo pueden formarse a un tamaño determinado, el mismo en todo el universo, y por ende, todas las partículas, todos los átomos y moléculas del mismo tipo, etc, tienen exactamente el mismo tamaño en todo el universo.

Un Universo a la Medida

Nos asombramos de que el universo sea tan perfecto. Si cualquiera de las constantes de nuestro universo variaran en una simple milésima los núcleos atómicos serían inestables, las estrellas no arderían a las mismas temperaturas, incluso la tabla periódica de elementos sería diferente y nuestra vida sería imposible.

Pero debemos tener en cuenta que el nuestro no es el único universo existente, sólo es el único que vemos.

Hay muchos universos, infinitos, cada uno de ellos diferente de los demás cada uno de ellos con una relación de fuerzas que lo hace único.

En la membrana multidimensional en la que se encuentra nuestro universo hay otros muchos universos similares, cada uno con unas características ligeramente diferentes. Pero hay otras membranas de diferentes características, en algunas no se podrán generar ondas como la que ha dado origen a nuestro universo pero en otras membranas sí.

Y a otras escalas, viajando a lo infinitamente pequeño o a lo infinitamente grande, el número de universos posibles similares al nuestro se multiplica por infinito.

¿Qué importancia tiene esto para nosotros?.

Ninguna. Aunque alguno de esos universos fuera capaz de albergar vida inteligente su duración sería tan breve que no existe la más mínima posibilidad de entrar en contacto con ellos ni siquiera de percibir su existencia. Y si en una escala superior a la nuestra existiera otro universo complejo, la duración completa de todo nuestro universo apenas tendría la duración suficiente para observar siquiera un pequeño desplazamiento de una hipotética partícula, como por ejemplo, un electrón alrededor del núcleo atómico.

Pero sí tiene importancia para comprender una cosa: El universo, nuestro universo, no ha sido creado con unas características determinadas que hagan posible nuestra existencia.

Existen infinitos universos, la mayor parte con unas características, con unas leyes físicas y constantes universales que no admiten la posibilidad de que se formen estructuras complejas capaces de adquirir inteligencia.

En medio de esa infinita cantidad de universos ha surgido este, uno entre infinitos.

En nuestro universo, y quizás en algunos otros universos, SÍ es posible la vida y la inteligencia.

Hay quien piensa que el universo esta 'hecho' a la medida del Hombre.

Yo creo que el universo, el omniverso, es infinitamente variable y en él se producen todas las combinaciones posibles de fuerzas, dimensiones y estructuras complejas.

Miramos a nuestro alrededor y vemos que el universo está hecho a nuestra medida.

Pero solo vemos este universo.

Hay muchos más universos, infinitos, distintos, y en muchos de ellos, quizás la mayoría, no hay seres inteligentes que puedan pensar que el universo está hecho a su medida.

No hay en ello ningún misterio.

¿Cómo es el Omniverso?

Imposible saberlo.
Al principio de este documento describí un paisaje idílico, un estanque, para ilustrar el punto de partida de estas teorías. En este estanque, de vez en cuando llueve y se forman gotas de agua que caen en la superficie del estanque generando ondas, cada una de ellas un universo.
Pero otras veces no llueve, y otras llueve tanto que la superficie del estanque es tan caótica que no se pueden apreciar las ondas individuales.

Pero el estanque es solo una pequeña parte del paisaje en un universo infinito y en él hay también grandes extensiones de rocas, y bosques, océanos y volcanes. Sólo pueden formarse ondas individuales en puntos muy precisos y localizados de la superficie terrestre y sólo durante períodos de tiempo bastante reducidos.

El Omniverso será similar, habrá miles, millones, quizás infinitas estructuras y distribuciones de masas y estructuras totalmente inimaginables para nosotros, pero en determinados lugares del Omniverso, y en períodos limitados, cuando se cumplen determinadas condiciones, aparecen membranas de un número determinado de dimensiones donde de vez en cuando se generan universos más o menos similares al nuestro.
¿De dónde vienen las perturbaciones que los generan?.
¿De dónde vienen las gotas de lluvia que generan ondas en un estanque?.
Para los hipotéticos habitantes de esa onda sería completamente imposible imaginar un universo como el nuestro, en el que las ondas nacen de gotas de agua condensada en la atmósfera después de haber sido traídas por el viento desde la superficie de un mar donde las radiaciones solares han disociado y evaporado trillones de moléculas de agua.
Igualmente, para nosotros es completamente imposible descubrir como es el paisaje del omniverso donde se ha formado nuestro universo y descubrír cómo se produjo la perturbación que lo creó.

Quizás algún día podamos descubrir alguna información sobre la zona del omniverso en la que hace 13.700 MM de años surgió nuestro universo, quizás podamos empezar a vislumbrar qué pudo causar esta perturbación, esta onda en la que existimos.
La ciencia avanza, a veces muy despacio y otras veces realiza descubrimientos fascinantes en muy poco tiempo. Quizás algún día seamos capaces de mirar y comprender otras dimensiones, no solo con ayuda de complejas matemáticas sino con el simple auxilio de nuestra mente, quizás podamos saltar desde nuestro universo a otros similares, aunque sinceramente creo que eso no ocurrirá, si ocurre, en mucho, muchísimo tiempo.

¿Qué importa?. Lo que importa es que estamos aquí, por la razón que sea, y estamos vivos, y tenemos deseos, sueños y capacidades, y podemos dedicar nuestro tiempo y nuestro esfuerzo en mejorar las condiciones de la vida que vivimos nosotros y aquellos que nos rodean.

¿Qué más se puede pedir?

Conclusión: Cambios de Paradigma

Durante siglos, los científicos han intentado comprender el universo. A partir de lo que vemos nos hacemos una idea de cómo es y desarrollamos las fórmulas matemáticas y leyes físicas que permiten explicar todo lo que vemos. En ocasiones fracasamos y no tenemos más remedio que cambiar nuestro concepto del universo para que los hechos observados coincidan con las nuevas matemáticas y las nuevas leyes físicas que desarrollemos.

Esto ha ocurrido ya muchas veces: Cuando los astrónomos, creyendo que la Tierra era plana oyeron decir que los barcos que viajaban muy hacia el sur veían que al medio día el Sol se situaba al norte de su posición, tuvieron que intentar imaginar una circunstancia que resolviera esa contradicción. La primera persona que pensó que la Tierra era redonda descubrió que esa explicación resolvía muchas contradicciones de la ciencia con la realidad y el hecho de que fuera redonda fue aceptado aún antes de que Magallanes y Elcano lo comprobaran dando la vuelta al mundo.

Cuando los astrónomos creían que la Tierra estaba inmóvil en el universo y todos los planetas y astros giraban a su alrededor, intentaban explicar los movimientos de los planetas imaginando que describían círculos dentro de círculos, en un baile que mientras más se estudiaba resultaba más complejo. El primer astrónomo que pensó que era el Sol el centro del Sistema Solar descubrió que partiendo de ese supuesto se resolvían todos los problemas que conllevaban el movimiento aparentemente errático de los planetas.

Hoy en día la física fundamental que intenta explicar las fuerzas, las partículas y la estructura íntima del espacio se encuentra con hechos que son cada vez más concretos, sorprendentes y difícilmente encajables dentro de las teorías generalmente aceptadas.

Hace falta un cambio de paradigma, un punto de vista nuevo que pueda hacer que los hechos conocidos encajen correctamente con las teorías que construyamos a su alrededor.

No, la Tierra no es plana.

No, la Tierra no se encuentra en el centro del Sistema Solar.

Ni siquiera nuestro Sol es el centro de la galaxia, sino que está situada más cerca del borde exterior que de su centro.

Tampoco nuestra galaxia es el centro de nuestro universo, pues éste, el centro del universo, no se encuentra en nuestro propio universo, sino en un punto ajeno al mismo, en una dirección que ni siquiera podemos señalar con nuestros dedos ni imaginar con nuestra mente.

Y, por último, nuestro universo ni siquiera tiene una existencia real y sólida, sino que es simplemente una onda que se transmite por un espacio multidimensional.
Y tampoco es el único universo existente sino que hay un número infinito de universos, a infinitos tamaños y escalas, creándose y extinguiéndose desde hace un tiempo infinito, cada uno de unas características diferentes, expandiéndose por las múltiples membranas multidimensionales que limitan las diferentes estructuras del Omniverso en el que vivimos.

Despedida y Cierre
Lo que he ofrecido en este documento es una idea, idea que me parece lógica, coherente, quizás incluso acertada, ya que desde hace bastantes años que mantengo esta creencia he podido imaginar algunas conclusiones (el hecho de que la Constante Gravitatoria no es constante, por ejemplo) que posteriormente se han visto corroboradas por la ciencia moderna. 
Del mismo modo confío que pronto se descubrirá que tampoco la velocidad de la luz es constante, sino que disminuye con la edad del universo, lo cual permitirá explicar la expansión aparentemente acelerada de las galaxias y servirá también para ratificar algunas de las ideas aquí expuestas.
Por otro lado, tampoco he visto que se haya descubierto nada que eche por tierra estas teorías, pero por desgracia no tengo suficiente dominio y conocimiento de las matemáticas y la física como para poder descubrir los fallos de mi propia teoría.
Quizás alguien más sabio que yo pueda hacerlo con media hora de trabajo.
O quizás resulte que tengo un poco de razón.
Bien, solo el tiempo lo dirá. Espero verlo.

Si tienes alguna duda o consulta o ves algún error en este artículo, entra en nuestro Foro de Ciencia y Futuro

 
Regresar a Ciencia y Futuro Escrito y publicado por Juan Polaino
MasLibertad.com